Angela Medrano, Communication & Marketing Manager de Gestión de Activos Turísticos y socia de APRI

En tiempos de pandemia y cuando el distanciamiento social es más familiar en nuestras vidas que nuestra propia familia, estoy segura de que muchos de nosotros nos encontramos en un proceso de revisión personal y profesional. 

Uno de esos cuentos sufís que tanto gustan a los autores de la denostada literatura de autoayuda tiene una bonita versión del “depende”: …buena suerte, mala suerte pues…depende, a veces las crisis tienen estas bromas, nos obligan, a su manera, a replantearnos modos, palabras y vidas.

Yo espero, deseo, que todo esto nos sirva a una gran mayoría para darle más valor a todo aquello a lo que tan difícil es ponerle precio. Y hoy quizás sea más patente que nunca aquello de que la vida no siempre te trae lo que quieres, pero siempre, en su mágico devenir, te regala justo lo que necesitas. Aprendizaje. Para mí está siendo aprendizaje y agradecimiento que en mi afán proactivo, convierto en intenciones  y yendo más allá, en acciones. 

¿Por qué APRI?

– Frente a mi cotidianidad digital y para sentirme completa como ser humano, necesito el contacto con las personas y sentirme parte de una comunidad que comparte gustos, profesión y códigos, y sabernos todos juntos parte de algo importante para hacer frente a cosas importantes.

– Frente a la impostura y la abundancia de las fake news necesito poner identidad y sello a las palabras, autoría, auditoría y autoridad. Prestigio. Confianza.

– Frente a las prisas, a la “potestas” de lo inmediato y urgente frente a lo importante, necesito el espacio, el tiempo y la compañía para la reflexión y la altura de miras. 

– Frente al insulto, la soflama de la víscera, el grito o la provocación, necesito la calma de la palabra inteligente, el pensamiento leído y las buenas formas que además de serenidad transmiten con acierto lo mejor de nuestra humanidad.

– Frente al individualismo exacerbado, alimentado por la búsqueda de una falsa seguridad y autoestima, quiero sentirme parte de un grupo de personas que trabajan por el bienestar e interés común y que ponen lo mejor de sí mismas en ese objetivo.  

Somos seres sociales. Nuestra sociedad necesita de herramientas y plataformas que nos ayuden a progresar en los mejores términos. Creo que APRI y la gente que forma parte de la asociación son una palanca que aporta a ese fin. A humanizar estos tiempos difíciles fomentando relaciones sanas basadas en la confianza y el respeto, siendo facilitadores, comunicadores abiertos que conectan intereses lícitos, exploradores, buscadores de respuestas y soluciones de interés general, concitadores de la colaboración entre ciudadanos, empresas e instituciones en el adecuado marco ético y estético. Profesionales de las relaciones institucionales con mucho por hacer y por decir. Yo quiero ser parte de esa ola y llegar al top de mi personal pirámide de Maslow.

Mis razones para formar parte de APRI

Arturo Zamarriego, Senior Manager PwC en GRC (Governance, Risk & Regulation and Compliance). Experto en regulación financiera y educación financiera. Codirector de la obra colectiva “La sostenibilidad y el nuevo marco institucional y regulatorio de las finanzas sostenibles” (Thomson Reuters Aranzadi, 2021)

España tiene la opción de acceder a 140.000 millones de los Fondos Europeos de Recuperación, de los cuales 72.000 millones serán ayudas a fondo perdido. Con esta cuantía, es el segundo país más beneficiado, por detrás de Italia.

No es mi objetivo explicar la normativa y los procedimientos aplicables sino centrarme en la importancia de los asesores y de los lobistas para que estos lleguen a buen puerto. A diferencia de otras ocasiones, no solo se trata de aprovechar una oportunidad comercial por parte de estos profesionales, entre los que me incluyo, sino en poner a disposición los mismos en proyectos que nos ayuden a salir de una compleja crisis económica. Todos ganamos y todos perdemos.

¿Y por qué somos necesarios? Permítanme enumerar cinco funciones que explican nuestra utilidad en este proceso de asignación de fondos europeos:

  • Capacidad de discriminar los procesos que son estratégicos de los que no lo son. Los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica o PERTE son una nueva figura de colaboración público-privada entre Administraciones, empresas y centros de investigación con la que se identificarán aquellos proyectos estructurales con gran capacidad de arrastre para el crecimiento, el empleo y la competitividad de la economía española.
  • Seleccionar el mejor instrumento de distribución de los fondos, principalmente entre los propios PERTE, las subvenciones (licitaciones) o los contratos (convocatorias de concurrencia competitiva).
  • Ser punto de unión entre empresas, proponiendo acuerdos o colaboraciones que permitan concurrir a los fondos como mayores probabilidades de éxito.
  • Ser nexo de colaboración entre la Administración y las empresas para sacar el máximo provecho de las ayudas para la reconstrucción aprobadas por la Unión Europea.
  • Evitar fallos en el procedimiento que invaliden la solicitud. Los fondos pueden no llegar a su destinatario si a pesar de tener un proyecto susceptible de recibirlos, la empresa no cumple con el procedimiento o no explica bien su proyecto, entre otros.

Curiosamente, todo lo anterior no servirá de nada, si falla un atributo subjetivo:  si el lobista o el asesor no es honesto.

El país no se recuperará si los fondos se reparten inadecuadamente. Cabe la posibilidad de que los fondos acaben “en las mismas empresas de siempre”, donde su destino permita su viabilidad y no la reconstrucción del país (generación de empleo en actividades sostenibles y digitales principalmente). Gracias a los profesionales que tienen la función de intermediar entre los fondos y las empresas, este resultado puede evitarse. Sin ellos, el riesgo aumenta exponencialmente.

Nos jugamos mucho, las generaciones presentes y futuras dependen del papel de todos en la agilidad del reparto de fondos, pero más en asegurar un buen destino, y en ese rol, los lobistas y asesores son piezas fundamentales.

Carlos Parry Lafont,  Senior Manager de Public Affairs en la Federación Europea de Asociaciones e Industrias Farmacéuticas (EFPIA) y socio de APRI

Dejarme que aproveche esta oportunidad que me ofrece APRI para compartir unas reflexiones sobre la importancia de nuestra profesión y sobre como con nuestro trabajo podemos jugar un papel importante en la construcción de una sociedad mejor.

Seguramente con este artículo corro el riesgo de decir cosas que ya sabéis, pero me vais a permitir que incida en ellas porque a veces es bueno recordar cual es el valor añadido que aportamos desde nuestra profesión a las empresas u organizaciones en las que trabajamos y a la sociedad en general.

Cada uno de nosotros tiene una experiencia muy distinta, unos tienen mas experiencia en el sector público, otro más en el sector privado, y algunos en ambos, pero todos tenemos un denominador común somos capaces de entender y analizar el contexto social, económico y político en el que operamos y las distintas posiciones del ecosistema del que formamos parte.

Conocer y ser capaz de entender el contexto en el que operamos es básico para cualquier empresa u organización que quiera tener éxito en la sociedad del Siglo XXI. Un buen plan estratégico tiene que estar adaptado a la realidad de la sociedad en la que va a ser implementado.

Porque han cambiado los objetivos de las empresas, el objetivo de una empresa ya no es solo tener beneficios económicos, sino que también asumen la responsabilidad de ser agentes transformadores de la sociedad de la que forman parten. Y este cambio en el paradigma de la misión de una empresa lo cambia todo y hace fundamental que cuenten con expertos que conozcan bien el contexto en el que operan.

Las empresas tienen un propósito claro para transformar y mejorar la sociedad y nosotros somos una pieza imprescindible para cumplir los propósitos de las organizaciones en las que desarrollamos nuestro trabajo.

Nuestra responsabilidad como expertos en relaciones institucionales, no es solo saber hacer alianzas o comunicar las posiciones de nuestras empresas, sino ayudar a que nuestras empresas sean capaces de interpretar el entorno para que puedan ser verdaderas lideres de la transformación social.

Y la clave en nuestro trabajo es la empatía. Porque no es solo importante saber que queremos comunicar sino también saber escuchar lo que el otro quiere decir. Es vital que sepamos anticipar que espera la otra parte de nosotros para no convertir la discusión en un diálogo imposible.

Nuestra función es estratégica y tiene un impacto directo en los resultados de nuestras empresas. Sin un buen análisis de la situación y un plan de relacionamiento estratégico no hay plan estratégico que funcione.

Además de saber escuchar, también forma parte de nuestra responsabilidad la capacidad de establecer alianzas, en especial con el sector publico.

Desgraciadamente no siempre todo el mundo entiende la necesidad de la colaboración publico-privada, pero si queremos que nuestras empresas sean agentes del cambio social es fundamental que el sector público entienda que el camino del éxito es la colaboración publico-privada.

Que cada uno dentro de su área asuma su responsabilidad, no se trata de competir entre nosotros se trata de sumar esfuerzos para lograr que nuestras sociedades avancen y mejoren.

En nuestra historia, las grandes transformaciones sociales solo se han conseguido cuando todos hemos remado en la misma dirección. En 1992, no se hubiera conseguido organizar unos Juegos Olímpicos como los de Barcelona si la sociedad civil y las administraciones publicas no hubieran trabajado de la mano.

Pero no hace falta irse tan lejos, recientemente estamos viviendo otro claro ejemplo: el logro de las vacunas contra COVID19.

Este es uno de los mejores ejemplos de la importancia de esta colaboración publico-privada. En menos de doce meses se ha conseguido poner a disposición de los ciudadanos tres vacunas en Europa. El proceso se ha acortado de los diez-quince anos que normalmente se tarda en tener una innovación terapéutica a tan solo doce meses. Y este logro no ha sido casualidad.

Sigamos defendiendo el valor añadido que aportamos a nuestras empresas, y la necesidad de seguir transformando las sociedades en las que operamos, desde la colaboración publico-privada. No hay otro camino para construir un mundo más igualitario y justo.

Eduardo Hernández-Aznar Ripoll, Consultor internacional de relaciones institucionales y diplomacia corporativa y Director Ejecutivo de Crib Consulting

La palabra confianza que utilizaban los romanos “FIDES”, pertenecía a una de las tres virtudes públicas esenciales que para su cultura deberían ser compartidas por toda la sociedad. Ese pilar de hace más de dos mil años pronunciado en latín se reproduce hoy en nuestras lenguas actuales. Los anglosajones utilizan Trust, más acorde a su pragmatismo. Es corta, directa, efectiva, la latina evolucionó a confianza, la raíz del verbo fiar que a su vez procede de fidere – fides (lealtad, fe y confianza). Lo cierto es que la confianza sigue siendo hoy en día uno de los valores fundamentales no solo en nuestra vida cotidiana, sino también en nuestros quehaceres y negocios.

El desarrollo de la tecnología y el contexto tecnológico en constante innovación nos ha invitado a conformar un ecosistema imaginario donde aparentemente personas conectadas en todo el mundo, en base a segmentación de gustos, género o ingresos puede demandar y acceder a un conjunto casi ilimitado de productos y servicios. Un globalismo llevado al extremo. Un idealismo ambicionado especialmente por liberales para vender mejor, y, sobretodo vender más.

La confianza en ese contexto ideal, por supuesto no desaparece, está traducida al lenguaje universal de nuestro tiempo: El digital. De hecho, existe incluso una criptomoneda basada en un sistema contractual perfecto, denominada Ethereum donde se cumple un contrato de manera automática remunerando el servicio tan pronto es ejecutado. El activo reputacional de las organizaciones también juega un papel importante en aras de anhelar el milenario valor de la confianza, que se traduce en compromiso, fidelidad a largo plazo de clientes, consumidores, usuarios, acreedores y votantes.

La tendencia parece indicar que la tecnología va unida a la percepción de los demandantes sobre los oferentes. Muchos emprendedores plantean sus propuestas en base a ello, teniendo en cuenta la exponencialidad de sus iniciativas. Piensan que si un producto o servicio es lo suficientemente bueno y competitivo, el negocio será un éxito. 

Sin embargo, considero que ese aspecto puede servir… un tiempo. El largo plazo requiere de una confianza superlativa, basada en el trato humano, no somos robots que adquieren bienes y servicios, somos personas que confían en otras.

Aquí entra también el rol de las relaciones institucionales, un papel mucho más artesanal, alejado del automatismo pragmático, una faceta basada en el confidere clásico capaz de interpretar una realidad ajena a cualquier contexto o coyuntura y que permita una clarividencia humana combinada con la experiencia profesional previa. Una actividad fundamental que no conecta objetos o servicios sino que cultiva relaciones, contribuye a fortalecer el valor de la confianza y consolida nuevas vías de entendimiento que extrapolan cualquier momento histórico actual.

Como consultor internacional, especialmente vinculado a España y a América Latina, sé perfectamente que no todo es tecnológico, las oportunidades de inversión, la propia internacionalización de las organizaciones de un continente a otro, para la adquisición de servicios, propiedades, acciones, no basta sencillamente con las propuestas anteriores, sino requieren de la esencia etimológica de confianza, de FIDES, de la virtud pública esencial que ha vertebrado el comportamiento humano durante milenios. No somos más listos que los romanos, solo vivimos en otra época.

Pensamos a estas alturas del siglo XXI que inventamos la rueda cada día, que somos más sabios que nunca, más dinámicos, más acelerados, más innovadores y creativos, pero quizá estemos yendo demasiado deprisa. Posiblemente carezcamos de virtudes milenarias como la prudencia, la cautela o la reflexión necesaria para darnos cuenta que la confianza es un activo que se potencia con la coherencia en el día a día, la perseverancia, el rigor, la ejemplaridad como virtud imitable y la aportación de valor constante. Eso, no lo puede hacer un click, tampoco una promesa de valor eternamente virtual, pero si el contacto cercano de un profesional que hace lo que dice. Un semejante, otro ser humano que se esfuerza cada día por ser confiable para ganar el  compromiso de hoy y de mañana.

Juan Fran Cuello de Oro, Director y Asesor en la industria sanitaria y socio de APRI

Durante estas semanas, de obligado confinamiento, el grupo de Salud hemos tenido el gran privilegio de asistir a webminars donde hemos podido abordar diferentes temas, desde conocer cómo fue posible construir el hospital de campaña de Ifema, el impacto ético de las tecnologías para el control del covid19 o la nueva arquitectura de las oficinas tras la pandemia.

El pasado 4 de junio tuvimos la suerte de conocer de primera mano los trabajos sobre la comisión para la reconstrucción social y económica en el congreso gracias a Mario Garcés Sangustin.  

Entre otras cuestiones, la crisis del covid 19 ha situado en primer plano el debate necesario del diseño y transformación del ecosistema de salud, donde se vuelve inaplazable un pacto de Estado que garantice un sistema de salud eficaz, ágil y sostenible.  La gestión de la pandemia del covid 19 ha exacerbado y hecho visibles problemas estructurales existentes como su capacidad operativa, agilidad, eficiencia y su sostenibilidad, tan sólo sostenida por la elevada profesionalidad y compromiso que han demostrado y siguen demostrando los profesionales de la Salud.

Entre otros cambios el sistema debe abrazar de forma definitiva su digitalización, para equilibrar la atención y la salud, su sostenibilidad y su operatividad. Ello cambiará las dimensiones del debate que evolucionará de la operatividad y sostenibilidad del ecosistema (imprescindible) a su dimensión política, como las condiciones de acceso, obligaciones y derechos, que necesariamente llevará a un debate ético.

Como escribí a principios de abril, la pandemia del COVID-19 es una de esas crisis que moldean la historia, un catalizador que acelerará tanto la magnitud como la velocidad de los cambios. Las pandemias han sido un elemento transformador de nuestras sociedades a lo largo de la historia. La peste de Justiniano (siglo VI), la peste negra (siglo XIV) o la Viruela (Siglo XVI-1977) trasfiguraron las sociedades en las que aparecieron, cambiando o influyendo decisivamente el curso de la historia[1].

Pero más recientemente, como escribió Peter Baker en su artículo publicado en The Guardian: “La epidemia global de gripe de 1918 ayudó a crear los servicios nacionales de salud en varios países europeos, que junto a la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial sentaron las bases para el moderno estado de bienestar[2]”. O los cambios en salud y comportamiento social que ha provocado el VIH[3].

Lo que podemos estar seguros es que elSARS-CoV-2 puede ser y será un motor de cambio, de hecho, lo está siendo ya, en muchos aspectos de nuestra vida. Sin más, el confinamiento obligatorio de la población, llevó a que casi todas nuestras relaciones pasen del mundo físico al mundo digital.  Así, el pasado martes 10 de marzo, DE-CIX Frankfurt, el mayor punto de intercambio de internet a nivel global, alcanzó la cifra récord de 9,1 Terabit por segundo[4], gracias a la explosión del teletrabajo, el e-learning, el giro del consumo a la compra on-line o al ocio electrónico.

Si hay un sector que ha estado ampliamente impactado por esta calamidad, es el ecosistema de Salud. Hemos visto a diario la situación de los hospitales y el heroico compromiso de los profesionales de la salud. Pero a la vez observamos, forzados por la situación, hemos adelantado más de 10 años en la incorporación de elementos tecnológicos que deberían generar cambios definitivos en cómo nos relacionamos con la Salud y en como se transforma nuestro maltrecho sistema sanitario.

Quizás uno de los cambios más visibles es la explosión clara de la Telemedicina. El miedo a ir a los hospitales, que haya centros de salud cerrados y en paralelo el gran volumen de demanda de los servicios sanitarios, han superado las barreras regulatorias y sociales para que confiemos en que un profesional de la salud nos pueda atender a través de una pantalla de un móvil, tableta u ordenador. Los mismos pacientes con COVID19, están siendo seguidos a domicilio a través de telemedicina, pero otras especialidades como, por ejemplo, ciertas consultas ambulatorias, atención primaria, dermatología o pediatría entre otras, la han incorporado o piensan incorporarla como una práctica habitual, dependiendo de los casos.

Existe una gran diferencia entre la sanidad pública y privada, pero en el corto plazo, la total adopción de la telemedicina podría tener un alto impacto en los sistemas de salud permitiendo que sean más ágiles, eficaces y sostenibles. Tan sólo en los USA, la Asociación Médica Americana afirma que «casi el 75% de todas las visitas al médico, y a los servicios de urgencia son innecesarias o podrían ser manejadas de manera segura y efectiva por teléfono o videoconferencia[5]». Pero si miramos un poco más cerca, un estudio de la Fundació TIC Salut Social y la Oficina eSalut (CatSalut. Servei Català de la Salut de la Generalitat de Catalunya) concluye que casi el 80% de las teleconsultas con la atención primaria (eConsulta) evitan una visita presencial[6].

Otra de las tendencias implacables que estamos viendo, debido a la alta transmisibilidad del virus, es la implementación de la robótica o droides de forma extensiva en los hospitales. Hemos visto robots que ejercían como una extensión del equipo médico o de enfermería, como el robot Vici[7] desarrollado por la empresa InTouch Health, que permite la comunicación con el paciente a través una pantalla, altavoces y un micrófono, pero, además, también posee un fonendoscopio y permite realizar pruebas básicas como la medición de temperatura.

Pero sin duda alguna, el uso de nuestros teléfonos móviles como elemento de salud está siendo un pilar fundamental en el control de la pandemia. Establecerá un precedente y hábitos que tendrán un impacto definitivo en el futuro. Desde el control epidemiológico de la misma, ya sea a través de la geolocalización o del uso de Bluetooth, para saber si se ha estado cerca de un foco de contagio, como ha utilizado el gobierno de Singapur, o la alianza de Google y Apple[8] que, según ellos mismos, quieren realizar para ayudar a gobiernos y a los organismos de salud a reducir la propagación del virus. Hay muchos ejemplos disponibles, como la utilización de APPs que traqueen los síntomas para acelerar el triaje de posibles pacientes, como son las utilizadas por los gobiernos regionales de la Comunidad de Madrid, Cataluña[9] o Euskadi.

Aunque controvertido, nuestro móvil se ha convertido, como en el caso de China[10], en un posible pasaporte biológico, con el que poder vigilar, vía geolocalización, que los ciudadanos en contacto con casos positivos cumplan la cuarentena domiciliaria impuesta, notificando alertas a las autoridades de los movimientos de éste, o el acceso o no a diferentes lugares.

Evidentemente se nos abre delante el debate sobre como nuestra privacidad puede verse invadida en estos casos. Y este es un punto clave ya que cualquier transformación del ecosistema de la salud pasa por colocar al paciente en el centro del mismo. Uno de los mayores retos es ofrece empoderamiento a los pacientes,  ofrecerles  con capacidad para decidir, satisfacer necesidades y resolver problemas, con pensamiento crítico y control sobre su vida, y esto pasa por garantizar la preparación y conocimiento de los mismos. 

Se trata de un modelo menos paternalista, pero que ofrece al paciente la capacidad de poder tomar decisiones sobre su salud, ya sea a nivel de autocuidado, como en coordinación con los profesionales de la salud, como hemos podido comprobar en esta crisis.

Al mismo tiempo se ha producido una tremenda ebullición del uso rápido y colaborativo de los datos médicos y el uso del Big Data para analizar los datos que ha generado el COVID-19 para entender a un agente infeccioso que apareció a finales de 2019, que nos permita lograr agentes terapéuticos y el descubrimiento de una vacuna.  Ejemplos como el uso que hace la compañía Quibim[11] del Deep Learning para la ayuda radiológica en el diagnóstico de pacientes con COVID-19, o diferentes estudios, o la toma de decisiones epidemiológicas basados en modelos matemáticos, o el lanzamiento del ambicioso ensayo clínico “Solidarity[12]” por parte de la OMS[13] tan sólo 60 días después de que la secuencia genética del coronavirus fuese compartida.

Como hemos escrito con el profesor de ESADE Javier Busquests[14],[15] la incorporación definitiva de estas tecnologías se debe unir a otros elementos que permita debatir la sostenibilidad del sistema de salud considerando la situación de deuda acumulada y las futuras dificultades de financiación es una cuestión que nos llevamos realizando desde la pasada crisis financiera. El reto de la sostenibilidad del sistema se centra en su consideración de derecho básico (sistema sanitario público, universal y gratuito) e introduce la corresponsabilidad para asegurar su mantenimiento.

En los momentos actuales nadie cuestiona el modelo de sanidad publica, pero podría aparecer, una vez superada la crisis del COVID19, el debate sobre la introducción de sistemas pagos compartidos (los impuestos son una forma de pago), sistemas mixtos público-privados, o la evolución del sistema será tecnológico, por la vía de Venture Capital y la explotación de innovaciones y patentes.

Sin duda alguna, en esta transformación del ecosistema sanitario es necesario la construcción de puentes que aumenten la colaboración publico-privada que permita la consolidación de estos avances tecnológicos, además de establecer un dialogo con todos los agentes que participan del ecosistema de salud que garantice el futuro de un sistema de salud con un incremento continuo de la demanda y presión.

No debemos perder la oportunidad de reconstruir una de los grades victorias de nuestro estado del bienestar.


[1] https://historia.nationalgeographic.com.es/a/grandes-pandemias-historia_15178/4

[2] https://www.theguardian.com/world/2020/mar/31/how-will-the-world-emerge-from-the-coronavirus-crisis

[3] Virus de Inmunodeficiencia Humana

[4] https://www.abc.es/tecnologia/redes/abci-estado-alarma-provoca-record-consumo-internet-madrid-202003171241_noticia.html

[5] https://www.ama-assn.org/practice-management/digital/ama-quick-guide-telemedicine-practice

[6] https://ticsalutsocial.cat/es/actualitat/estudi_econsulta/

[7] https://intouchhealth.com/telehealth-devices/intouch-vici/?gdprorigin=true

[8] https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20200410/48406931043/apple-google-asociados-crear-apps-contra-covid19.html

[9] https://web.gencat.cat/es/actualitat/detall/Nova-app-per-detectar-la-Covid-19-a-Catalunya

[10]https://edition.cnn.com/videos/world/2020/04/10/china-coronavirus-covid-19-tracking-app-culver-townhall-intl-hnk-vpx.cnn

[11] https://quibim.com/

[12] https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/global-research-on-novel-coronavirus-2019-ncov/solidarity-clinical-trial-for-covid-19-treatments

[13] Organización Mundial de la Salud

[14] https://www.harvard-deusto.com/el-futuro-ecosistema-de-la-salud-explorando-posibles-escenarios

[15] https://www.expansion.com/blogs/sociedad-empresa-digital/2020/05/28/la-transformacion-digital-y-el.html

Felipe Medina, secretario general técnico de ASEDAS y socio de APRI

La crisis del coronavirus ha supuesto un reto sin precedentes para el sector de la distribución alimentaria. Como dicen los empresarios del sector, hemos tenido que cambiar en marcha las piezas de un coche que circulaba a 200 kilómetros por hora para atender las demandas de la sociedad. Dentro del proceso de transformación apresurada al que nos ha obligado la crisis sanitaria, desde ASEDAS hemos visto a las empresas hacer cosas increíbles. Entre ellas, podemos destacar la capacidad de fijar rápidamente nuevos y ambiciosos objetivos; de adaptar con velocidad medidas de protección para clientes y trabajadores y reorganizar la actividad en tiendas y almacenes para hacerlas más seguras; de participar en el trabajo colaborativo llevado a cabo por el conjunto de la cadena agroalimentaria para lograr que España haya sido el país con mayor seguridad logística; y de mantener constantemente informados a trabajadores y clientes.

Especialmente en los primeros momentos de la crisis, todo ello se ha hecho en un clima marcado por la incertidumbre y por la falta de precedentes. Pero las empresas de distribución alimentaria han conseguido responder a las necesidades de una población sometida a una gran presión y, en muchas ocasiones, anticiparse a ellas. En este entorno, la gestión de las relaciones institucionales y el trabajo coordinado y compartido con las empresas de ASEDAS ha jugado un papel fundamental para ayudar a tomar decisiones y afrontar esta crisis sin precedentes. Las líneas de comunicación que se han mantenido abiertas desde el primer momento han tenido tres grandes ejes: el institucional, el internacional y el sectorial.

En lo referente al institucional, ante una situación inédita desde todos los puntos de vista, incluido el legislativo, el constante diálogo con el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, así como con las Consejerías de Comercio de las Comunidades Autónomas, nos ha permitido trasladar a las autoridades las necesidades concretas del sector y tomar nota de la manera en que mejor podíamos ayudar en estos momentos tan difíciles. La redacción de las guías de comercio, que se han convertido en un documento fundamental para poder funcionar como sector, han sido fruto de un diálogo enriquecedor para todos y han tenido como resultado que pudiéramos transmitir tranquilidad y confianza a la población desde el primer momento.

La estructura de una organización como ASEDAS, con organizaciones territoriales en todas las Comunidades Autónomas que conocen muy bien las necesidades y características propias de cada región y que mantienen un contacto cercano con las instituciones, se ha demostrado imprescindible para actuar con eficacia en cada territorio, por ejemplo, con iniciativas de ayuda alimentaria o de colaboración con productores locales muy afectados por el cierre del sector horeca, pero también con todas las administraciones locales y las fuerzas y cuerpos de seguridad.

En el marco internacional, el contacto con organizaciones empresariales de países –como Italia- que iniciaron el confinamiento antes que nosotros nos ha sido de gran ayuda tanto para anticipar en lo posible el comportamiento del consumidor y de las autoridades sanitarias para saber qué tipo de medidas de protección se estaban aplicando en el comercio. Gracias a este intercambio, podemos decir que, en ocasiones, nos hemos podido anticipar buenas soluciones a los problemas que vendrían e incluso a la propia legislación española.

La relación con otros actores del sector agroalimentario también ha sido un factor clave para evitar que la alimentación fuera un problema añadido en esta crisis. Ello ha sido posible gracias a la colaboración y al altísimo nivel mostrado por el conjunto de la cadena de valor alimentaria. Productores, cooperativas, industria alimentaria, transportistas y distribución han funcionado como un engranaje totalmente engrasado y han demostrado que el establecimiento de relaciones estables y con bases firmes es el camino a seguir en beneficio de todos, pero sobre todo del consumidor.

Para concluir, en estos días hemos tomado conciencia de que la recuperación no se puede abordar en solitario, sino que la participación de todos los sectores de la economía, de las organizaciones empresariales y sindicales y de las administraciones en todos sus niveles –incluido el europeo- es fundamental recuperar con rapidez la actividad económica de la manera lo más amplia posible. Tras haber ayudado a otros sectores en la vuelta a la actividad durante el proceso de desescalada, ahora es momento de trabajar en el diseño de las medidas necesarias para, desde nuestra experiencia, contribuir a una rápida y eficaz recuperación económica.

Pedro Claver, especialista en Comunicación Institucional y Asuntos Públicos y socio de APRI

Para entender el papel que está desempeñando la farmacia comunitaria en esta emergencia sanitaria, lo primero que hay que hacer es señalar, muy brevemente, su marco legal. Tanto la Ley 16/1997, de 25 de abril, de regulación de servicios de las Oficinas de Farmacia, como la Ley 29/2006 de 27 de julio, de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, definen las farmacias como “establecimientos sanitarios privados de interés público”, que además están sujetos a la planificación sanitaria que establezcan las Comunidades Autónomas. Y, por supuesto, los sucesivos Decretos del Gobierno y Órdenes del Ministerio de Sanidad que han ido regulando el Estado de Alarma han reconocido la condición de la farmacia comunitaria como un establecimiento sanitario esencial. Una normativa y una crisis sanitaria sin precedentes que ha posicionado a la red de 22.071 farmacias en la primera línea de frente. Desde el minuto cero, la Organización Farmacéutica Colegial fue consciente de que una situación excepcional requiere medidas excepcionales. Incluso antes de la declaración del Estado de Alarma, ya se trasladó a las autoridades sanitarias una serie de propuestas con dos claros objetivos: aliviar la tensión y sobrecarga de trabajo de otros recursos del Sistema Nacional de Salud; y garantizar la prestación farmacéutica a toda la población, evitando el mayor número de desplazamientos posibles. Entre las medidas ya implantadas en un importante número de Comunidades Autónomas destacan la entrega de medicamentos a domicilio a personas mayores y colectivas de riesgo; la dispensación en farmacia de medicamentos que hasta este momento los pacientes, normalmente pertenecientes a grupos de riesgo, exclusivamente podían recoger en hospitales; o el reparto de mascarillas a través de la tarjeta sanitaria individual a más de 21 millones de españoles.

En lo social, se han impulsado iniciativas como mascarilla-19, implantada en más de 16.000 farmacias y destinada a prestar ayuda a víctimas de violencia de género y que ha sido exportada a países como Francia, Argentina o Chile; o la colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Estado en la detección de personas pertenecientes a colectivos vulnerables y que han dejado de retirar su medicación habitual, señal de que pueden necesitar ayuda. Pero como lo que no se mide, no se puede mejorar, la Organización Farmacéutica Colegial ha querido conocer la valoración del Papel de la Farmacia en la Crisis del COVID-19 a través de un estudio realizado por GAD-3. Destacaré dos datos: más de 30 millones de españoles fueron a una farmacia durante el primer mes de confinamiento; de los cuales más de 5,5 millones lo hicieron por motivos relacionados con el coronavirus; y un 91,3% de los ciudadanos valora positivamente la actuación de la farmacia en la crisis.

En resumen, se ha demostrado que el modelo español de farmacia ha sido clave en la respuesta sanitaria al coronavirus; que el farmacéutico es el profesional sanitario más accesible; y que ningún ciudadano se ha quedado sin su medicamento, pues incluso en peor momento de la crisis ha estado operativa el 99,8% de la red de farmacias. Pero ahora se trata de mirar al día después. La Organización Farmacéutica Colegial siempre lo hace, pero ahora con más intensidad que nunca. Como recordaban algunos de los mejores profesionales de los Asuntos Públicos que hay en España, el ritmo y alcance de los cambios normativos producidos en los dos últimos meses -y que continuarán durante bastantes más- solo es comparable con lo ocurrido en 1978, cuando se aprobó la Constitución, o en 1986, cuando España ingresó en la Unión Europea. A 17 de mayo según El País ya se habían superado las 209 normas. Simultáneamente, se ha producido un vuelco de la opinión pública respecto a determinados sectores, como el delivery, que han fortalecido su posición; mientras otros que eran auténticos motores de progreso, como el turismo, han entrado en hibernación. Y todo esto en un escenario en el que la disminución de ingresos fiscales y crecimiento del gasto público, antes o después, obligará a importantes ajustes. Estos factores nos indican que los asuntos públicos se han vuelto más importantes que nunca. Se está actuando por la vía de los hechos, y lo que en otras ocasiones hubieran sido decisiones fruto de un amplio debate y un largo trámite parlamentario, se adoptan en pocos días, incluso horas, aunque luego haya que rectificar.

En este contexto conviene adelantarse a los acontecimientos y tener un relato construido. En la profesión farmacéutica se lleva tiempo trabajando. Por un lado, la Organización Farmacéutica Colegial ha elaborado una Estrategia de la Farmacia durante el desescalado, integrada por 24 propuestas concretas, que recogen las inquietudes de las más importantes organizaciones de pacientes con las que se han mantenido encuentros, y que nuevamente se trasladó a las autoridades sanitarias. Por otro, hay que estar muy atento a la actividad de la Comisión de Reconstrucción del Congreso, y a otros organismos decisorios y reguladores. Y es que una de las asignaturas pendientes es la reconstrucción de nuestro Sistema Nacional de Salud. Se están fijando las reglas del juego para todo el sector sanitario para los próximos años. En consecuencia, es momento de poner en valor todo lo que la Farmacia aporta al Sistema Nacional de Salud en términos de salud y bienestar, pero también en términos de sostenibilidad, y sin olvidar su importante y creciente función social.  

Aquí es donde, a partir de ahora, hay que concentrar los esfuerzos, a través de  un discurso tan realista como sincero, y siempre marcado por una actitud constructiva, sabiendo que el futuro será muy diferente, y teniendo siempre muy presente la teoría de Darwin: “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Consultor del sector agroalimentario en el Unión europea y socio de APRI

Mucha información está circulando sobre los efectos económicos macro de la pandemia.

En estas notas quisiera tomar distancia sobre lo inmediato y compartir algunas reflexiones – acertadas o no, y desde luego incompletas – sobre lo que puede venir más adelante. Es evidente que ya nada será lo que es, asi que voy a intentar poner luz en algunas cuestiones y siempre desde una perspectiva positiva, porque creo que si somos inteligentes, podremos aprender de los errores y construir algo mejor. Algunos pensarán incluso que soy demasiado positivo, pero no olvidemos que “ el optimismo genera riqueza”…

Todo lo que sigue es fruto de la reflexión sobre el fondo de los acontecimientos que estamos viviendo, siguiendo el método mas simple de gestión de crisis que alguna vez en mi vida profesional me ha tocado vivir : documentarlo todo, y una vez pasada, sentarse a reflexionar que debemos mejorar, y como hacerlo.

1 TENDREMOS RAZONES PARA FORTALECER EL MULTILATERALISMO

Hasta hace pocos años, las Organizaciones internacionales cumplían mal que bien su rol de colaboración y coordinación de los países en temas de interés global, e incluso se avanzaba en el desarrollo de marcos comunes de actuación: la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Salud,…El nuevo escenario en el que nos encontramos se basa en la primacía de dos grandes potencias , Estados Unidos y China.

Cuando surge la pandemia nos damos cuenta que la OMC está paralizada porque los Estados Unidos la han bloqueado, y es ahora más que nunca cuando necesitamos que los países no pongan trabas innecesarias al comercio,…Dicho sea de paso, la guerra comercial en la que se han enfrascado no hace sino agravar la situación de sus economías porque las importaciones son mucho más caras con los aranceles compensatorios impuestos, lo que no ayuda a generar valor, encarece las importaciones y daña a sectores específicos de sus economías.

Otro tanto pasa con la OMS,…un organismo internacional critico en la situación actual pero que no tiene competencias para ordenar de manera global la respuesta al coronavirus, y simplemente puede hacer seguimiento, intercambio de buenas prácticas, estudios, coordinar la investigación,…

Primera lección. La economía global necesita de organismos internacionales fuertes, en los que todos los países estén representados en función de su peso, y que puedan coordinar y orientar respuestas globales a problemas globales. Esta desiderata incluye por cierto que sean más transparentes y tengan control político.

2. LA GLOBALIZACION HA DEJADO AL AIRE SUS DEBILIDADES    

No creo que la globalización haya fallado como algunos apuntan, creo simplemente que ha sacado a la luz sus fragilidades. La globalización ha sido durante mucho tiempo sinónimo de crecimiento, y ha permitido crear cadenas de valor globales en las que la especialización ha llevado a mejorar la eficiencia y creación de valor.

Pero también ha creado un complejo entramado de interdependencias con un alto grado de especialización que a veces hace difícil la sustitución. Cuando el sistema se tensiona como es el caso en el material médico por ejemplo o en el sector del automóvil por poner otro caso, nos lleva a situaciones en algunos casos dramáticas. La producción mundial de este último trimestre de ordenadores portátiles ha descendido un 50%, y la de smartphones un 15.

Y esta es su fragilidad. Hace años que los stocks desaparecieron de los almacenes o se redujeron al mínimo, y ahora debemos afrontar una tensión mundial bajo el principio del just in time…

Seguro que estos acontecimientos han de servirnos para profundizar en la coordinación de las cadenas de valor – controlar hasta los proveedores del ultimo nivel-, pero sobre todo, para buscar alternativas – quizás no tan lejanas- , que aseguren el funcionamiento de industria y servicios.

3 DEMOS LA BIENVENIDA YA A LA GEOPOLITICA Y LA GEOCONOMIA

Del comentario anterior podemos sacar también conclusiones políticas: Estados Unidos ha perdido ventaja en el liderazgo mundial. Mientras ellos están en la antesala de la pandemia, China ya se está recuperando y empieza a abrir fabricas, centros comerciales,…a reactivar su economía. Han perdido semanas cruciales con el “Kung – Flu” como se ha llegado a llamar al coronavirus en Estados Unidos, y ahora China les lleva una ventaja crucial.

El liderazgo global no se ejerce hoy con armas sino con tecnología, intereses económicos y financieros, innovación, avanzándose a los acontecimientos… precisamente la definición de la geoeconomia: “ la guerra por otros medios”. 

O como dijo Benjamin Constant ,filósofo y político franco-suizo del siglo VXII, “ la guerra y el comercio son dos formas diferentes de llegar a lo mismo, que es la posesiones de lo deseado”.

Y ojo, esto implica directamente a las empresas y sus cuentas de resultado, por si alguien no se había dado cuenta aún.

4 EUROPA

Es verdad que Europa ha llegado con cierto retraso, pero no tanto como algunos plantean. Las competencias de la Unión son las que son – las que le han dado los estados miembro ,más concretamente -, así que poco más de lo que se está haciendo en materia de salud se puede hacer si no tiene competencias plenas en la materia…

En el resto de asuntos, ya ha dicho que “hará todo lo que sea necesario” para salir de la crisis y ya está preparando medidas de choque y diseñando un nuevo presupuesto y políticas de reactivacion para la salida.

El gran problema está por un lado en que los Estados miembros miran más a lo que pasa en sus países que a construir respuestas comunes a un problema común, y que la crisis nos ha cogido con una Unión económica y Monetaria a medio construir…

Vienen momentos inciertos, pero precisamente por esta razón Europa tiene que actuar en común y buscar soluciones comunes. Hoy más que nunca es verdad que la solución de Europa es más Europa. Y a los críticos o escépticos les preguntaría que sería de España, hoy, fuera de la UE…Mejor ni imaginarlo.

5. LA SEGURIDAD EN EL PRIMER PLANO,Y EN DOS VERTIENTES.

Muchas empresas contaban hace tiempo con manuales de crisis (básicamente de reputación) y planes de contingencias, sobre todo las grandes compañías. Pero muchísimas otras no. Es más, incluso en las que todo estuviera procedimentado, me cuesta creer que hubieran previsto una pandemia con los efectos de esta.

Si el ámbito de la seguridad en las empresas era un área estratégica que crecía en los últimos años ( ciberseguridad, terrorismo,…), todo indica que lo será más en los próximos años, ampliando su campo de acción y entrando en el core estratégico de las empresas. Al tiempo.

Pero la seguridad tiene otra vertiente socioeconomica importante, y es su contrapunto con la libertad.  En estos momentos de crisis, muchos gobiernos han tomado medidas drásticas de confinamiento, recorte de libertades, geolocalización,.. No digo que no estén justificadas, pero no podemos olvidar que nos basamos en un modelo de economía liberal y democrática en el que la actividad empresarial en libre concurrencia y la libre iniciativa son imprescindibles. Cualquier retroceso debe vigilarse, porque nos va en ello la ciudadanía y la actividad económica.

6 ¿LA SOSTENIBILIDAD RELEGADA ?

Hasta hace pocas semanas, en Europa solo se hablaba de liderar la lucha mundial contra el cambio climático y la sostenibilidad de la economía. Ahora, evidentemente, las prioridades se han trastocado y los lideres están en otro empeño. Algunos han querido pensar que todo esto se iba al traste y cuando venga la normalidad Europa dejara de lado estas “ocurrencias”. Nada más lejos de la realidad.

La Comisión Europea ya ha dicho públicamente que los planes siguen adelante, y creo que con toda la razón. Hemos visto como los niveles de emisiones han bajado drásticamente en todo el mundo en estas últimas semanas – y por cierto, las vacas siguen emitiendo metano,…no serán tan malas…- , pero no podemos volver – en el caso en que pudiéramos- a recuperar los niveles anteriores. Es más, seguro que areas como  las energías limpias, las infraestructuras y ciudades inteligentes, el transporte y la salud estarán en el corazón de la recuperación y serán estratégicas,aportando nuevas posibilidades de negocio. La sostenibilidad lo condicionará todo.

7 LA TECNOLOGÍA

Otro área que habrá de coger un impulso mayor en nuestras economías. El encierro obligatorio ha hecho de la necesidad virtud con el teletrabajo, se han  impulsado las ventas por e –commerce y los envios a domicilio, …esto en lo mas cercano. Pero tecnologías como la inteligencia artificial , la analitica de datos, blockchain y otras estan creciendo y han recibido un espaldarazo definitivo en la economía y la sociedad.

8 LA RACIONALIDAD ADMINISTRATIVA

Como apuntaba al inicio, a nivel global uno de los problemas que estamos observando es la falta de coordinación internacional, y que las estructuras existentes tampoco actúan en favor de las respuestas consensuadas. Hablaba de la OMS, OMC ,…pero lo mismo ocurre en el Banco Mundial o el FMI, e incluso en el G-20 ( que por cierto, se creó para dar cabida a potencias económicas que no encontraban su sitio en los anteriores organismos y en Naciones Unidas, todavía regidos por el esquema que surgió después de la segunda guerra mundial…).

Pero el problema es el mismo a nivel de la Unión Europea, e incluso en España. La superposición de poderes y niveles administrativos no juega a favor de la correcta gestión de cualquier crisis, y en este caso hemos visto además que hay determinados aspectos de la sociedad que requieren unidad de acción  y orden jerárquico – nada que ver con el abuso de poder-.   

Seguro que a la velocidad a la que se suceden los acontecimientos, otros fenómenos surgirán y aparecerán tanto peligros como oportunidades. Muchas cosas habrán de cambiar tal y como las conocemos, y no me cabe duda ; pero lo importante es que seamos capaces de aprender las lecciones que este momento historico  nos esta brindando, y luego “ pasarlas a limpio” siempre  para mejorar.              

Óscar Méndez Martínez, Director de Relaciones Institucionales y Corporativas de Moore y socio de APRI

El  ámbito del negocio internacional, al igual que el resto de las actividades económicas nacionales, se ha visto y se verá afectado durante y después del COVI-19. A este COVID-19 se une que ya veníamos asistiendo, desde hace un tiempo a las grandes tensiones geopolíticas y comerciales que provocaban USA-CHINA  y la incertidumbre del Brexit.

Algo que llevamos notando con un mayor número de clientes es que nos venían demandando desde hace tiempo, el realizar reuniones de trabajo con distintas embajadas, embajadores y personal de las mismas. Para conocer de primera mano y  facilitar la oportunidad de inversión en países de la zona euro, tanto para abrir nuevos mercados en la mayoría de las ocasiones para la fabricación, compra de productos de países del norte y Europa oriental. Teniendo opción de transporte terrestre, acortando los tiempos y costes en la recepción de las mercancías, evitando tener grandes cantidades en stock, y aprovechando los benéficos que tiene el comercio en la zona euro, como no teniendo aranceles.

Las empresas tiene que operar en un contexto de gran incertidumbre internacional, sometido a fuertes cambios geopolíticos, regulatorios y jurídicos. A medida que vayamos superando la pandemia será importante ver cómo reaccionarán nuestros clientes, (Estados, instituciones, empresas y consumidores) ante el nuevo escenario.  Hemos tenido que cambiar la forma en que hablamos y nos comunicamos con nuestros clientes, en la forma de ofrecer nuestros servicios, a través mediante video conferencias con diferentes plataformas como Zoom, Teams o WhatsApp,.

Imaginar que va a pasar en el comercio exterior, en la política de internacionalización de las empresas, en lo flujos transnacionales de bienes y servicios cuando estamos inmersos en una cuarentena,  los poderes públicos han decidido interrumpir la actividad económica por razones sanitarias  a nivel mundial, me parece tarea presuntuosa y difícil.

Un acuerdo transversal sobre las medidas necesarias para salir de la crisis, sería algo verdaderamente deseable, pero pensamos que es poco probable.

Es innegable que el sector económico mundial se va a ralentizar, al igual que el comercio internacional. No obstante en el caso de España el sector exterior será fundamental, para superar los efectos creados por la pandemia, como lo fue en la crisis del 2008.

En esta nueva forma de internacionalizarse, las empresas españolas se reinventarán y deberán prestar atención a mayores y quizás diferentes acuerdos de cooperación en los países de destino, alianzas estratégicas en ambos sentidos, logísticas de transporte con valor añadido adicional al manejado hasta el momento y creo que también se abre una nueva ventana de oportunidad para la inversión directa en el exterior donde se mantiene el “Knowhow”, la innovación yse busque atender a la demanda en destino con un enfoque “multicanal”.

Rita Gasalla, Arquitecta, CEO y Socia de Galöw, empresa española pionera en el concepto de Arquitectura Saludable y socia de APRI

Gran parte de los edificios existentes son enfermantes en mayor o menor medida. Los espacios que afectan la salud y el bienestar de las personas han sido un tema de salud pública desde que, en los años 80, la Organización Mundial de la Salud identificara el Síndrome del Edificio Enfermo. Con el avance de la ciencia y la arquitectura, la comprensión de estas afecciones se ha profundizado y continúa, ahora más que nunca, en evolución.

Ahora sabemos, gracias a eso, que gran parte de los materiales de construcción de uso habitual emiten sustancias tóxicas al ambiente. Se trata de compuestos orgánicos volátiles (COV) y otros químicos, que en muchos casos deterioran, entre otros, el aparato respiratorio de los seres humanos. Algo que en tiempos del SARS-CoV-2 ocupa la atención de equipos científicos y médicos de todo el mundo. Algunos de ellos, han ya demostrado que la contaminación juega un papel determinante el grado de complicaciones de los pacientes que contraen el Covid19. También se han venido estudiando cuidadosamente las vías de contagio y entre las conclusiones más impactantes, se encuentra el hecho de que el virus se puede transmitir en el aire, especialmente en espacios cerrados y con poca ventilación.

Estos hallazgos y los que aún están por publicarse, han reforzado un planteamiento que un puñado de arquitectos en el mundo -me incluyo entre ellos- hemos venido defendiendo desde hace décadas: la arquitectura tiene que ser saludable. No solo sostenible, funcional o estéticamente interesante.

Los arquitectos tenemos la responsabilidad y la oportunidad de contribuir a mejorar los niveles de bienestar y las condiciones de salud de las personas. ¿Cómo? A través de un adecuado tratamiento del aire, el agua, la iluminación, la distribución del espacio, el confort térmico, el confort acústico, la toxicidad de los materiales y la consideración, siempre relevante, de que los edificios son escenarios para el desarrollo social.

Si hace cuatro meses hubiera escrito este artículo, me habría tenido que referir a infinidad de estudios, casos y ejemplos para respaldar esa tesis, que la pandemia ha puesto sobre la mesa de forma contundente. El confinamiento circunscribió nuestro día a día a los hogares y convirtió dinámicas como el teletrabajo en necesidad, lo que puso de relieve las limitaciones y la relevancia de los espacios en los que tenemos que vivir y trabajar. Es claro que los protocolos de distanciamiento y las medidas de higiene que Sanidad ha determinado son un mínimo necesario, sin embargo, no son suficientes. Deben tomarse medidas arquitectónicas, como el rediseño y redistribución de los espacios para garantizar la distancia social; como la instalación de sistemas que eliminen patógenos (no sólo el Covid-19) activa y pasivamente a través de la ventilación, además de la adecuación de la iluminación, los acabados y el mobiliario.

Estamos presenciando un cambio de paradigma: ahora un edificio de calidad será saludable o no será de calidad. En este sentido, es fundamental crear un consenso alrededor del riesgo que suponen los edificios enfermantes, informar debidamente al respecto y definir los nuevos estándares de salud y bienestar que deberán cumplir las edificaciones en general. 

Además de los negocios y comercios, que ya han visualizado la necesidad de adaptarse a este nuevo contexto, es previsible también que los espacios de trabajo que cuenten con altos estándares en salud y bienestar atraigan, fidelicen y comprometan al talento, o que los gobiernos que aborden estructuralmente la contención de las crisis -entendiendo el papel de las edificaciones en la prevención- estarán mejor preparados para situaciones como la que hemos vivido.

Se trata de una conversación urgente en la que el sector privado, las instituciones públicas y la ciudadanía deben coincidir para crear conjuntamente protocolos homogéneos, políticas públicas y directrices empresariales. El miedo paraliza y en estos momentos la coordinación entre los distintos actores sociales es fundamental para que nuestras actividades puedan continuar y se desarrollen en un ambiente de confianza. 

Tenemos la responsabilidad colectiva de romper la cadena de transmisión de enfermedades contagiosas, de recuperar nuestras actividades económicas sin poner en riesgo la vida y de actuar a la altura de las circunstancias: con esa unidad que las relaciones institucionales son capaces de forjar.

La arquitectura es una forma de expresar lo que queremos como sociedad para nosotros mismos. A través de ella no solo nos preguntamos qué espacios nos imaginamos, sino qué dinámicas queremos que existan en ellos. Y más allá todavía, qué realidad queremos configurar para nuestras futuras generaciones. Esta pandemia nos ha traído la posibilidad de cambiar un paradigma: los edificios importan y ahora más que nunca necesitamos que sean un refugio saludable.