Irene Tato, Consultora de Comunicación y Asuntos Públicos en el sector SocioSanitario y Coordinadora de APRI Salud

El pasado 6 de mayo tuvo lugar en la sede del Grupo Thuban en Madrid el encuentro de socios del Grupo de APRI Salud con Borja Cabezón, Embajador en Misión Especial (EME[1]*) para la Crisis Internacional de la COVID-19 y la Salud Global, en su cargo desde mediados de marzo 2022. La sesión transcurrió en un ambiente muy cordial donde el embajador Cabezón, se destacó la importancia de un acercamiento entre los actores vinculados a la Salud Global para mejorar su mutua comprensión así como encontrar posibles vías cooperación; la administración pública, la industria privada con responsabilidades en la investigación y desarrollo de tecnología y medicamentos, y las organizaciones sanitarias del tercer sector enfocadas a la evaluación de necesidades e implementación de programas de intervención en prevención y asistencia sanitaria.

El Sr. Cabezón, recién llegado de tomar contacto con las tres capitales de la Salud Global (Ginebra, Washington y Nueva York),  expuso las tres líneas principales que él propuso dada su propia iniciativa y experiencia como asesor de altos cargos públicos, no en vano fue  director general de Asuntos Nacionales en el Gabinete de la Presidencia del Gobierno y Secretario de Política Internacional del PSOE Madrid.

  1. A través de Diplomacia Científica se perseguirá mejorar la desinformación que es la causa de los bajos índices de vacunación frente a Covid19 en aquellos países donde España es un importante y destacado donante de vacunas. Por otra parte, hay que preparar la intervención de España en la próxima Asamblea de la OMS- con especial foco en la protección del personal sanitario, un colectivo del que se estima la pandemia se ha llevado 115.000 vidas en los países que han reportado.
  2. Es preciso también coordinar las contribuciones que se mantienen con los países en vías de desarrollo por acuerdo con la alianza COVAX, también hay que asistir a las reuniones del Plan de Acción Global COVID-19, convocado por el Secretario de Estado de EE.UU. Blinken para movilizar recursos y poner fin a la pandemia a finales de este año 2022.
  3. Finalmente, el Sr. Cabezón compartió su propuesta de disponer en España de una Estrategia Nacional de Salud Global que recoja el papel de nuestro país como conector de intereses en este campo, al igual que ya tienen otros países como Canadá, Alemania o Reino Unido. En este apartado se manifestó que sería oportuno poder contar con la colaboración o reflexiones de cuantos socios de APRI deseen participar en la preparación de algunas sugerencias o propuestas formales, bajo la coordinación del Grupo Apri-Salud. Los trabajos preliminares ya se han iniciado bajo la dirección IsGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona)

[1] (*) La figura de un EME, es la de un diplomático o personalidad relevante al que el Ministerio de Exteriores le encarga una misión especial sin necesidad de estar acreditado ante otros Estados u organismos internacionales. Existen otros EME trabajando en asuntos trascendentales para el Gobierno, como pueden ser, entre otros; las Misiones y Operaciones de Paz y Seguridad, la diversidad Intercultural, la Ciberseguridad, Estrategia para América Central, la Igualdad de Género, la Seguridad Marítima, el Plan África, la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Foros e Iniciativas Globales o la Lucha contra la Trata de Seres Humanos.

Carlos Parry Lafont, Government Affairs Head y Director Fundación Astrazeneca

Para todo hay que tener un plan, el éxito no llega porque sí. Llega porque existe un camino definido, una hoja de ruta a seguir.

Hace pocos días, se ha estrenado en los cines la película que explica el éxito de la carrera de las Williams, Serena y Venus. No llegaron donde llegaron solo por su talento, llegaron porque su controvertido padre siempre tuvo un plan y logró que sus hijas tuvieran éxito aplicando las estrategias y los valores sobre los que se asentaba. Un plan basado en el sacrificio y la disciplina, pero también en el cuidado de la felicidad de sus hijas. Dicho plan, sin duda, triunfó.

No solo ellas lo tienen, Fernando Alonso también suele ser noticia por su plan, que le hace seguir siendo uno de los pilotos más competitivos de la Fórmula 1 a sus 40 años. O el que seguramente será uno de los mejores deportistas españoles de la historia, Rafa Nadal, ha tenido una trayectoria diseñada desde pequeño por su tío y entrenador Toni Nadal. Una trayectoria basada en el sacrificio y la dura disciplina que hace sacar lo mejor del deportista en los momentos más complicados, demostrando esa resiliencia y capacidad de sufrimiento tan característica de él.

Estos son ejemplos claros de la necesidad de tener un estrategia para tener éxito y quiero aprovechar estos ejemplos para hablar de la necesidad de tener un plan en Public Affairs. Anteriormente, he escrito sobre la importancia de la estrategia, de la metodología, de los principios o incluso de los valores a seguir para poder ejercer nuestro trabajo como profesionales de las relaciones institucionales con profesionalidad y garantía de éxito. Sin embargo, al final todo esto debe estar incluido en una hoja de ruta. El éxito sin planificación no existe, las casualidades no suelen llevar al éxito: pueden darnos a veces alguna satisfacción puntual, pero nunca el éxito global.

Tener un plan estratégico, que siga una metodología, basado en valores y en principios es el camino del éxito para todo en la vida, también para nuestro trabajo como lobistas.

Es difícil poder influir en algo solo tirando de contactos o de ocurrencias si no hay diseño de un propósito claro.

Los miembros de APRi tenemos un plan con propósito claro: profesionalizar nuestro trabajo, demostrar nuestra capacidad de influir en positivo para transformar y mejorar la sociedad en la que vivimos, así como erradicar las malas praxis y el intrusismo en nuestra profesión. Por ello, abogamos por una regulación de nuestra profesión que establezca unas reglas de juego y fomenten la transparencia y certidumbre.

¿Y tú? ¿Tienes un plan?

Pedro Claver, Responsable de Asuntos Públicos Consejo General de Colegios Farmacéuticos

Carlos Parry, Head of Government Affairs en AstraZeneca

El pasado enero el Gobierno aprobaba su Plan Anual Normativo para este 2022[i], y en él se incluía una buena noticia para los profesionales de las relaciones institucionales: la Ley de transparencia e integridad en las actividades de los grupos de interés.

Esta inclusión en el plan normativo abre la esperanza para que este año vea la luz la nueva norma; al tiempo que demuestra el interés del Gobierno por dotar de una mayor transparencia el trabajo que realizamos quienes nos dedicamos a defender los intereses legítimos de las organizaciones que representamos.

Según el texto incluido en el propio Plan Normativo del Gobierno, se pretende: Regular las relaciones de los grupos de interés con los responsables públicos. Definir “grupo de interés” y derechos y obligaciones de sus miembros; establecer la publicidad de las agendas de los altos cargos; crear un registro público y obligatorio de grupos de interés; establecer un régimen sancionador para altos cargos, empleados públicos y “lobistas”.

Hay más buenas noticias dentro Plan. Es el caso de la inclusión de una propuesta de Ley de institucionalización de la evaluación de políticas públicas en la Administración General del Estado. Una positiva iniciativa porque en España no hay costumbre de medir el impacto de las leyes que se aprueban; de la misma forma que se modifican las ya existentes sin tan siquiera saber que ha funcionado o no de la norma anterior.

Por lo tanto, ya tenemos dos buenas noticias para este año y debemos celebrarlo. Si se cumplen las previsiones, podremos tener un marco bajo el que trabajar; y el Gobierno se dotará de un instrumento para evaluar el impacto de sus normas. Pero aún nos queda un campo abierto por mejorar en España. Esa asignatura pendiente es la mejora de la transparencia y la participación en la creación y elaboración de nuevas de leyes.

Es necesario establecer cauces de comunicación y participación con el Gobierno. No solo se trata de hacer transparentes los intereses de los lobistas y hacer públicas las reuniones con los cargos del sector público. Hay que ir más allá. El desafío pasa por contar con canales de comunicación abiertos que nos permitan un mayor acceso y una mayor información.

No puede ser que, conforme a la actual Ley 50/97 del Gobierno, los periodos de consulta pública -cuando no se conoce ni el borrador de la norma- puedan suprimirse por razones de interés público o urgencia; o que los periodos de audiencia pública -cuando ya se conoce una primera propuesta de texto articulado- pueda reducirse a 7 días, incluidos el fin de semana, como ha pasado recientemente con el Anteproyecto de ley de modificación de la de la Ciencia, la Tecnología y la Innovaciónii. Si mejoramos los mecanismos de comunicación y participación de los grupos de interés e, incluso, de los ciudadanos en la elaboración de las leyes, estaremos también mejorando la participación democrática y dotando de una mayor solidez y calidad a las propuestas del Gobierno.

No hay que inventar mucho, en Bruselas funciona así. Existe una regulación para la actividad del Lobby, pero también existen procesos regulados de participación en la elaboración de las leyes con absoluta transparencia. Es bastante anacrónico querer seguir legislando sin evaluar y escuchar a todas las partes. Más allá de los partidos políticos, es preciso facilitar el debate y el intercambio de ideas serio y riguroso con la sociedad civil, incluidas las empresas, las asociaciones y el conjunto de los ciudadanos.

Aboguemos por unas normas de transparencia y de mejora de la participación para todos. Una meta que nos ayudará a potenciar la colaboración público-privada, a alinear objetivos y a sumar esfuerzos. Si partimos de que a mayor participación, mayor compromiso; el resultado será hacer de España un país con mejor futuro para todos.


[i] Plan Anual Normativo 2022 https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/resumenes/Documents/2022/PAN%20202.pdf

ii Tramite de audiencia pública Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación

https://www.ciencia.gob.es/Convocatorias/Participacion-Publica/Audiencia-e-informacion-publica/Audiencia-e-informacion-publica-sobre-el-anteproyecto-de-ley-de-modificacion-de-la-Ley-14-2011-de-1-de-junio-de-la-Ciencia-la-Tecnologia-y-la-Innovacion.html

Javier Herrero, Director de Asuntos Públicos y Relaciones Corporativas en Evercom

Carlos Parry, Head of Government Affairs en AstraZeneca

Cada vez son más las consultoras de comunicación que se han abierto camino en el campo de los asuntos públicos, creando equipos específicos dedicados al lobby. Esta transformación no es una moda pasajera, está definiendo el presente y futuro de esta profesión: no se puede entender el lobby sin la comunicación.

Un profesional de la comunicación, a la hora de plantear cualquier plan, se hará una serie de preguntas, sobre el qué, el cómo, quién, cuándo o por qué. Pues bien, un profesional del lobby se hará las mismas preguntas cuando diseñe su estrategia de asuntos públicos y la única diferencia entre ambos profesionales será el público al que se dirigen. De este razonamiento radica la imperativa necesidad de mejorar la coordinación entre ambas disciplinas.

El profesional de la comunicación tiene bien definidas sus metodologías de trabajo, a pesar de los cambios que los nuevos canales de comunicación han supuesto para ellos; en cambio, el profesional del lobby está todavía en una fase de profesionalización importante.

En este viaje que estamos haciendo los que nos dedicamos a las relaciones institucionales, uno de los primeros objetivos que tenemos para dar valor a nuestro trabajo es, precisamente, incluir una metodología de trabajo consistente, para diferenciarnos de aquel lobista que no tiene más que una buena agenda de contactos.

La importancia de trabajar ambas disciplinas deriva de la importancia de saber comunicar bien a la hora de hacer lobby. El profesional de Public Affairs es un experto en el sector público, sabe analizar bien el contexto y elaborar estrategias de éxito para influir ante sus interlocutores públicos, pero tiene la necesidad de trabajar junto con el equipo de comunicación para tener éxito e impacto real.

Un buen profesional de Public Affairs debe tener la capacidad de elaborar buenos mensajes para influir, pero si estos están alejados de la estrategia de comunicación de la organización que representa resultarán poco creíbles y abocarán su estrategia de influencia al fracaso.

La participación de las empresas y organizaciones en la elaboración de las políticas públicas, además de ser un derecho, es una necesidad para que los legisladores puedan tomar las mejores decisiones sobre temáticas complicadas y desconocidas para ellos, en muchos casos. Acompañar esta relación entre el sector público y el sector privado con una estrategia coherente de comunicación permitirá explicar con transparencia, tanto a los interlocutores como a la sociedad en general, los objetivos legítimos que hay detrás de cualquier acción en el ámbito de las relaciones institucionales.

Por eso, igual que observamos la transformación de las clásicas consultoras de comunicación entrando en el mercado de los asuntos públicos, internamente en las empresas también estamos viendo cambios dirigidos a mejorar las estrategias corporativas y coordinar las estrategias de comunicación y lobby de forma integral.

Sin comunicación no hay lobby.

Javier Corrales Director de Government Affairs y Public Policy en Kiatt Group y Coordinador del Grupo APRI Sostenibilidad

Los negociadores de casi 200 países cerraron un acuerdo que pretende mantener vivo el Acuerdo de París.

El 12 de noviembre finalizó en Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-26), que bajo el lema “Uniendo al mundo para hacer frente al cambio climático” reunió a representantes de más de 200 gobiernos de todo el mundo.

Los acuerdos más significativos de la Cumbre

Independientemente de las polémicas imágenes de algún presidente dormido y de las críticas por los viajes en coches y aviones contaminantes desde todos los rincones del planeta, lo cierto es que durante la convención se trataron asuntos de máxima trascendencia. Estas son los 5 acuerdos más significativos de la COP-26.

  1. Declaración Conjunta China – EE.UU. La declaración reconoce que los esfuerzos actuales son insuficientes, por lo que se comprometen a mantener el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra “muy por debajo” de 2℃, e idealmente no más de 1,5℃, en comparación con los niveles preindustriales”, que coincide con el objetivo fijado en la COP de París hace seis años. El pacto es clave para preservar la confianza de los inversores privados que financiarán la mayor parte de la descarbonización.
  • Emisiones de metano. Más de 100 países suscribieron el compromiso mundial que pretende frenar sus emisiones de metano en un 30% para 2030. Las investigaciones parecen evidenciar que esta reducción podría reducir hasta 0,5°C la temperatura global en 2100.
  • Carbón y combustibles fósiles. Se llegó a un acuerdo para “acelerar los esfuerzos para la reducción progresiva de la energía del carbón” y acelerar la eliminación de “los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles”. Es la primera vez que los combustibles fósiles se incluyen explícitamente en un acuerdo climático de la ONU. Esto se suma al acuerdo de eliminar progresivamente el uso del carbón y dejar de financiar nuevos proyectos de combustibles fósiles. Podría ser el principio del fin de los combustibles fósiles.
  • El objetivo de cero emisiones de la India. La India tratará de alcanzar las emisiones netas cero para 2070. El compromiso incluye objetivos cuantificables a corto plazo, como la promesa de suministrar el 50% de la energía del país mediante energías renovables y la reducción de las emisiones de carbono previstas en mil millones de toneladas de dióxido de carbono para 2030.
  • Fondos para el clima. Más de 450 organizaciones del sector financiero de 45 países sellaron su compromiso de transferir 130 billones de dólares de fondos bajo su control a inversiones en las que el beneficiario se comprometa a lograr emisiones netas nulas para 2050.

Los profesionales de las relaciones institucionales ante los acuerdos de Glasgow

Los responsables de las relaciones institucionales desempeñan un papel clave del proceso democrático: un derecho a poder exponer sus posiciones a los responsables de la toma de decisiones. Y este derecho debe ser protegido. Las Asociaciones Profesionales de las Relaciones Instituciones a nivel global (tal y como hace APRI) velan por difundir y promover una ética profesional basadas en la transparencia, el igual acceso y las buenas prácticas de lobby, alejadas de algunas críticas recurrentes como el tráfico de influencias, los conflictos de intereses y las puertas giratorias.

En el caso de los compromisos alcanzados en la cumbre de la COP26, los responsables de relaciones institucionales han jugado, y jugarán, un papel fundamental para alcanzar los objetivos planteados. Un ejemplo de ello es la promoción de iniciativas como “Science Based Targets initiative” (SBTi), que cuenta con la mayor base de datos mundial de información corporativa sobre cambio climático, cuyos objetivos son la reducción de emisiones acordes con los escenarios de calentamiento de 1,5 °C.

Un total de 52 empresas españolas forman parte de dicha iniciativa y además, en el año 2020, creció de 7 a 16 el número de empresas españolas con la máxima calificación en gestión del cambio climático. Otro dato interesante en este sentido es que España se sitúa en el puesto número 11 a nivel mundial de empresas con objetivos fijados según la CDP (la entidad que coordina la iniciativa SBTi).

Las principales gestoras financieras también han promovido iniciativas como la Net Zero Asset Managers (NZAM), donde más de 200 entidades financieras están comprometidas con el objetivo de cero emisiones netas de GEI para el 2050, apoyando inversiones alineadas con ese fin. Y un 77% de las empresas del Ibex 35 se han comprometido con la disminución de emisiones.

Las cuestiones de financiación de los acuerdos de Glasgow incluyen en gran medida la especificidad de las políticas relacionadas con el clima. ¿Qué tipos de proyectos renovables deben favorecerse y qué incentivos deben adoptarse para promoverlos? ¿Cómo se puede reducir el consumo de energía y qué incentivos son los mejores para promoverlo? ¿Cuáles son las mejores opciones de transporte con bajas emisiones de carbono para un país concreto? ¿Cómo puede la transición energética garantizar el empleo y unos medios de vida dignos? Y, posiblemente la pregunta más importante, ¿cuál debe ser el ritmo y el alcance de la transición ecológica?

El reciente grupo de trabajo impulsado en APRI sobre Sostenibilidad y políticas de ASG deberán trabajar en dar respuesta a todas estas cuestiones, impulsando además iniciativas beneficiosas para el tejido económico nacional, así como velando por garantizar un acceso justo y equitativo a los responsables de la toma de decisiones.

Algunas sombras en el horizonte…

A pesar de los avances y las positivas declaraciones de intenciones, todavía quedan problemas por resolver, y no son pocos. El panorama del G7 no parece halagüeño: Estados Unidos está bloqueado por el Congreso; Alemania aún no tiene gobierno; Francia se enfrenta a una de sus elecciones más inciertas; el Reino Unido, a través de su tesorería, acaba de embarcarse en la austeridad fiscal; el gobierno japonés sólo tiene dos semanas de vida, y el de Canadá no es mucho más antiguo.

Además, si se mantienen los compromisos actuales, las emisiones de carbono aumentarán un 13,7% de aquí a 2030. Por lo tanto, si se quiere limitar el calentamiento global a 1,5ºC para finales de este siglo, el resultado aconsejado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) requiere un esfuerzo mayor. Estamos hablando de que, para cumplir con dicha reducción de calentamiento, sería necesario reducir las emisiones en un 45% para 2030, y llegar a cero a mediados de siglo.  Porque, como reza el eslogan, “no tenemos que adaptarnos al cambio, sino crearlo”.

Carlos Parry, Head of Government de AstraZeneca, Director Fundación AstraZeneca y socios de APRI

La necesitada y esperada profesionalización de nuestra función además de conllevar una serie de cualidades que nos definan necesita también una serie de valores. Como profesionales de las relaciones institucionales es más importante que nunca que apliquemos una seria de valores para cuidar de la reputación de nuestra profesión.

Durante muchos años ciertos sectores sociales han intentado desprestigiar nuestra profesión y por ello es muy importante el trabajo que ha hecho APRI para poner en valor nuestra voluntad de que se regule de una vez por todas nuestro trabajo y se establezcan una seria de condiciones que favorezcan la transparencia en nuestro trabajo.

Los valores que utilizamos en nuestro día a día son claves para cuidar nuestra reputación como profesionales. Los valores son lo que nos definen como personas, pero también como profesionales. Así que los valores importan.

Los valores son aquellos principios que guían nuestro comportamiento y nos ayudan a relacionarnos mejor. Las relaciones personales se basan en valores y según los que apliquemos podremos también tener mayor éxito profesional.

Sin el ánimo de ser exhaustivo ni excluir ningún otro valor, he hecho una selección de 6 valores que considero clave:

  1. Transparencia: la clave en todo, no lograremos nada si no aplicamos este valor en la construcción de nuestras relaciones. El peor enemigo que podemos tener es intentar hacer nuestro trabajo a través de medias verdades.
  2. Honestidad: Junto con la transparencia son los dos valores más importantes. El no ser honesto puede poner en riesgo cualquier estrategia que estemos aplicando para llevar a cabo nuestro trabajo.
  3. Empatía: Si no nos ponemos en el lugar de nuestro interlocutor podemos favorecer un dialogo de sordos y a bien seguro no lograremos nuestros objetivos. Antes de hablar siempre es bueno escuchar a la otra persona para que el diálogo sea fluido y con sentido.
  4. Paciencia: pocas cosas se logran desde la impaciencia. Es vital saber medir los tiempos y que la ansiedad no provoque situaciones desesperadas.
  5. Responsabilidad: establecer estrategias y acciones de forma responsable es una buena carta de presentación siempre.
  6. Equidad: aplicar la equidad en nuestra profesión nos ayuda a ser más creíbles y a ganar confianza en nuestro trabajo.

6 valores que nos pueden ayudar en nuestro trabajo, porque es responsabilidad de cada uno de nosotros el construir una reputación positiva de nuestra profesión. Para los que creemos que desde nuestro trabajo podemos contribuir a la mejora de la sociedad en que vivimos promoviendo los cambios necesarios es vital trabajar con valores.

La valores hablan de quienes somos.

Alicia Azaña, Consultora especializada en gestión de organizaciones y asuntos públicos y socia de APRI

Los llamados Fondos Next Generation UE, plantean el objetivo de hacer cambios muy relevantes en el área de salud. La crisis sanitaria ha puesto a la ciencia en un lugar prominente como palanca esencial en los planes de reconstrucción, y a ellos se va a destinar un 17% de los fondos, para lo que se ha dado en denominar el Pacto por la ciencia y la innovación que sin duda llevará aparejado un refuerzo del Sistema Nacional de Salud en España. Entendido este desde lo público, pero con la necesaria colaboración público-privada que tan buenos resultados ha dado durante la pandemia, en múltiples ámbitos especialmente las políticas de I+D+I. Las asociaciones redes y alianzas son ahora esenciales para realizar una atención sanitaria y social de alta calidad y sostenible.  Y aquí juega un papel fundamental otra de las áreas a que van destinados un 6% de estos fondos la llamada Nueva economía de los cuidados donde se incluyen planes de choque para la economía de los cuidados de larga duración a personas mayores y dependientes y el refuerzo del Sistema Nacional de Dependencia entre otros, que requiere incrementar notablemente los esfuerzos y la coordinación sociosanitaria.

UEproSalud, Agenda 2030 de Naciones Unidas, PNUD son numerosos los organismos multilaterales que llaman a modernizar, digitalizar, personalizar, la salud para todos y para todas las edades. Vienen haciéndolo desde hace años, la II Asamblea Mundial sobre Envejecimiento de Naciones Unidas celebrada en Madrid ya acuñó el lema Una sociedad para todas las edades, esto se relaciona sin duda con el ODS número 3 Salud y Bienestar, donde juega especial relevancia no solo la promoción de la salud sino también la prevención y preservación de la misma.

La buena salud es necesaria para el desarrollo sostenible y la Agenda 2030 refleja la interconexión entre ambos. Pero es necesario seguir insistiendo ya que en el mundo 400 millones de personas no tienen acceso a servicios de salud básicos y el 40% carece de sistemas de protección social. Cada 2 segundos, alguien de entre 30 y 70 años de edad muere prematuramente por una enfermedad cardiovascular/respiratoria crónica, por diabetes o cancer. Y más de 7 millones de personas mueren anualmente por la exposición a finas partículas de aire contaminado.

La pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto cuán necesaria es la salud para un futuro sostenible, ha acentuado la brecha entre quien cuenta con una asistencia de calidad y quien no. El COVID 19 ha representado el mayor retroceso global humano (educación, salud y condiciones de vida) desde la introducción del concepto en 1990.

En un informe reciente de The Lancet se destaca el vínculo entre salud y educación, y como ésta última influye decisivamente en la esperanza de vida y las conductas saludables. Sin olvidar, que la pandemia ha puesto de manifiesto los catastróficos peligros que entraña el rápido avance de la humanidad sobre el mundo natural.

La respuesta es que una buena salud esta fundamentalmente ligada a la igualdad y el desarrollo, así como a la salud del medioambiente. Hay que adoptar decisiones, reescribir la nueva normalidad, en materia de gobernanza, protección social, economía verde, digitalización etc… y todo ello, más allá de la recuperación post pandemia.

En resumen, ha de ser SALUDABLE, SOSTENIBLE -medioambiental, económica y educativamente hablando_, DIGITAL e INNOVADORA pero sobre todo ha de ser POSIBLE, y me atrevería a apostillar que HUMANA.

Carlos Parry, Head of Government de AstraZeneca, Director Fundación AstraZeneca y socios de APRI

La semana pasada tuve el honor y el privilegio de poder compartir experiencias y reflexiones con los compañeros del grupo de APRI Salud. Fue el primer el encuentro de la asociación después de dos años y podernos ver las caras en personas fue emocionante y gratificante.

Aprovechando la invitación de la coordinadora, Adriana Bonezzi, a la que le agradezco enormemente la oportunidad, quise compartir algunas ideas en base a mi experiencia en el sector salud, tanto desde el sector público como el privado.

Sin querer sentar cátedra ni querer ser pretencioso en ningún momento, simplemente con la voluntad de contribuir al debate que estamos viviendo en estos momentos sobre la regulación y la necesaria profesionalización de nuestra actividad como profesionales de las relaciones institucionales.

Como ya sabéis, creo firmemente en la importancia del trabajo del profesional de las relaciones institucionales.

He trabajado mucho tiempo en el sector público porque creía que desde ahí se podía trasformar la sociedad en la que vivimos, hasta que me di cuenta de que desde el sector privado se puede hacer también y mucho mejor.

El haber estado al otro de la mesa me da una visión a veces de las cosas que suele ser útil para interpretar los tiempos y las reacciones. Porque, al final, nosotros hacemos política desde el otro lado de la mesa y es fundamental que entendamos como los políticos marcan los tiempos para saber cómo van a reaccionar.

Es importante que tengamos claro cuál es nuestro papel como responsables de relaciones institucionales dentro y fuera de la empresa. Porque tan importante es proyectar nuestro trabajo hacía fuera como explicar internamente qué hacemos y cómo podemos ayudar a nuestras organizaciones a lograr cumplir con sus objetivos.

Somos profesionales de las relaciones institucionales y tenemos capacidad para generar relatos y estrategias. No somos meras agendas de teléfono con patas.

Tampoco somos los del “bla, bla, bla”, somos profesionales con capacidad analítica y de entender el contexto en el que operamos.

Hay que reconocer que normalmente de comunicación y public affairs parece que sabe todo el mundo, pero no es así. Pero nosotros tenemos que ser capaces de demostrar el valor que aportamos a través de análisis y la definición de estrategias que aporten valor a nuestras empresas.

¿Qué diferencia a un profesional de las relaciones institucionales de uno que no lo es? El método.

A través del método estamos aportando valor a nuestras organizaciones. Un método basado en realizar un buen análisis de contexto, definición de aliados o aquellos que jugarán en contra, concreción de objetivos viables, elaboración de mensajes para generar engagement, establecer outputs concretos de cada una de las acciones y, lo más importante, basar todo esto en la empatía. Sin empatía no habrá estrategia que valga.

La empatía es la guía básica de nuestro trabajo, siempre tenemos que ponernos en el lugar de nuestro interlocutor.

Pero si la empatía es importante, no lo es menos la transparencia. Nuestra profesión goza muchas veces de una reputación negativa por la falta de transparencia. Transparencia es confianza.

Debemos y necesitamos empujar por una regulación en España que impulse la transparencia de nuestro trabajo, para así poder trabajar en mejores condiciones y profesionalizar de una vez por todas nuestra labor en España.

Sigamos trabajando para transformar nuestra sociedad a través de nuestro trabajo diario y de la colaboración público-privada.

Diego Bayón, Director Advocacy & Public Awareness en Harmon y vocal de la Junta Directiva de APRI

Carlos Parry, Government Affairs Head de AstraZeneca, Director Fundacion AstraZeneca y socios de APRI

El papel de las relaciones institucionales y los asuntos públicos ha ido adquiriendo mayor relevancia durante los últimos años en España, lo que ha derivado en que comience a regularse en distintos ámbitos, así como en una mayor profesionalización de la actividad. Ahora mismo, nos encontramos en un momento histórico de desarrollo de nuestro trabajo: cada vez somos más los que nos podemos dedicar a esta profesión, y eso nos debe empujar a poder ir trazando entre todos el camino a seguir para que nuestro trabajo sea cada vez más reconocido.

Seguramente no vamos a descubriros nada nuevo. Pero, en un contexto de creciente escrutinio a nuestra actividad, tanto los nuevos profesionales que se incorporarán a la práctica de esta actividad en los próximos años, como los profesionales que estamos en activo, debemos responder a una serie de cualidades, que hemos resumido de forma breve. Porque a veces es bueno que nosotros, los que nos dedicamos a las relaciones institucionales, hagamos un análisis de cuáles son nuestras cualidades, para analizar nuestros ámbitos de mejora e invertir en desarrollarlos.

  1. Empatía: Es la clave de toda relación humana. El éxito de cualquier relación está en la capacidad de escucha y de ponerse en el lugar del otro. A través de la empatía podemos adaptar nuestras estrategias y nuestro relato a las prioridades de cada una de las audiencias a las que necesitamos dirigirnos.
  • Visión estratégica y metodología: Construir una estrategia que aglutine las actividades existentes, viendo más allá de cada proyecto, y ser capaz de unir todo bajo un relato único orientado a la búsqueda del interés general, es clave en nuestro trabajo. No basta con una buena agenda de contactos. El mayor reto no es conseguir una reunión institucional, si no determinar qué mensajes queremos trasladar, cómo y a quién, para ser capaces de contribuir al debate y a la elaboración de las políticas públicas. Para todo ello, la estrategia es fundamental: si no sabemos ver a dónde queremos llegar, difícilmente lograremos construir una historia de éxito.
  • Conocimiento del sector público: Para que las propuestas que defendemos formen parte de la agenda pública es importante conocer bien los procesos de toma decisión, las distintas herramientas que usan los decisores institucionales en su día a día, o los distintos actores que intervienen en la elaboración de la regulación, desde el ámbito legislativo al ejecutivo.
  • Comunicación eficaz: Como en la vida, lo que no sabes comunicar no existe. Para tener impacto con nuestro trabajo, resulta fundamental conocer bien cómo funcionan los medios de comunicación y la configuración de la opinión pública, saber expresarse de forma clara y sintética de forma oral y escrita, o dominar los distintos canales y formatos de comunicación que existen para elegir los más adecuados en función de la audiencia y el mensaje.
  • Principios éticos: La transparencia y la honestidad son clave para lograr establecer y desarrollar relaciones profesionales a largo plazo y superar cualquier desafío que podamos encontrarnos. Actuar con valores es la base para tener confianza con nuestros interlocutores, especialmente en un trabajo sensible como el nuestro. Por ello, en APRI contamos con un estricto código de conducta que todos los socios estamos obligados a firmar y cumplir para poder ser miembros de la asociación.
  • Adaptación al cambio: Nuestro oficio está pegado a la actualidad y depende en gran medida de la actividad política, por lo que cualquier estrategia puede cambiar en unas horas en función de las agendas institucionales, las prioridades políticas, el ciclo informativo o la percepción pública. Además, las prioridades de negocio o los objetivos de nuestra organización pueden variar también. Por todo ello, siempre hay que estar preparado para reaccionar de forma ágil y para reorientar nuestro plan de acción.

Seguramente hay más cualidades que debamos tener en cuenta, pero estas nos han parecido clave para realizar nuestro trabajo con profesionalidad y garantizar que cada vez sea más reconocido por la sociedad.

Alicia Azaña, Gerente de la Asociación Nacional de Empresas Socioculturales y socia de APRI

JFK decía que “La ignorancia de un votante en democracia perjudica la seguridad de todos”, yo pienso que la ignorancia de un político sobre una materia que desconoce perjudica la seguridad de todos, si además pretende bien intencionadamente regularla sin escuchar a los que saben de ella, estamos ante una temeridad.

La toma de decisiones, aunque responsabilidad individual de aquellos políticos, a los que con nuestro voto delegamos la capacidad de administrar nuestra sociedad y normas de convivencia, no impide que ésta sea lo más transparente posible y abierto a la participación activa de los ciudadanos.

El camino hacia la regulación de un Lobby profesional transparente y ético, parte en nuestro país de los inicios constitucionales, mucho ha llovido desde entonces, y a pesar de la profusión legislativa que la democracia trajo consigo, sucesivamente hemos ido relegando la regulación de un sector profesional al que se ha mirado bajo la lupa de la sospecha.

Nada más lejano a la realidad, ya que se compone de buenos profesionales que aportan información y expertisse a los reguladores en la materia que le es afín, para que nuestras leyes, reglamentos y regulaciones sean lo más eficaces y eficientes.

La sola presencia de España en escenarios multilaterales y su incorporación a la UE ya hubiera requerido de una regulación al respecto, para caminar acompasados a otros países de nuestro entorno, ya que cualquier político encargado de legislar debe contar con la mayor información, no sólo la que les facilitan sus asesores, sino aquella que pueden proporcionarle empresas, grupos de interés y sector, para conocer los inputs necesarios que deberá establecer en la reglamentación de una materia concreta y dimensionar el impacto que causará en los ciudadanos y en el conjunto de la sociedad.

Cuanto más completa sea esta información, menor posibilidad de error y parcialidad.  El lobby por tanto sirve como herramienta imprescindible para administraciones, empresas y grupos de interés, al proporcionar al legislador toda la información necesaria para regular en el buen camino, acompañándole si es preciso, para que pueda actuar de forma acertada.

Este caudal de información veraz, ha de proporcionarse de manera profesional y transparente, no sólo con un Registro de “quien recibe a quien y para que, y cuál es el destino del presupuesto que maneja en esa área” o un Código de Conducta de nuestros Diputados y Senadores, es además conveniente aplicar, el lema germánico de que “todo aquello que no está permitido, queda rigurosamente prohibido”.

Y eso es precisamente lo que se ha aplicado en la Unión Europea, desde 2011 el Registro de Transparencia identifica a todo aquel que se relaciona con miembros de sus organismos, bien sea Parlamento, Comisión, o Consejo de la Unión _incorporado en diciembre de 2020_ a nivel de Diputado, funcionario o alto cargo.  Cuenta con 6 categorías y 12.606 registrados _ datos del último informe 2020_,  de los que sólo el 6% son españoles, frente al 18% belgas, 13% alemanes, 10% franceses u 8% británicos.

Aunque la inscripción al Registro es voluntaria, se cuenta con una serie de ventajas que la hacen recomendable, tales como: accesos de larga duración a las instituciones, realizar intervenciones como oradores en audiencias públicas, suscribirse a notificaciones electrónicas, apoyar actividades de las agrupaciones no oficiales del Parlamento, o solicitar el patrocinio del presidente del Parlamento.

En el caso de la Comisión Europea es obligatoria la inscripción en el Registro para poder reunirse con miembros del gabinete, directores generales o jefes de servicio y se revisa su inscripción en el caso de solicitar contacto con otros funcionarios, se les notifican automáticamente consultas públicas y hojas de ruta de las materias de su interés o pueden ser nombrados miembros del grupo de expertos, o solicitar patrocinio de la Comisión.

El Registro de Transparencia cuenta con una Secretaría Común encargada de la gestión (asistencia técnica y control de calidad del mismo) y que recibe alertas (errores en materia de Registro) y denuncias de terceros (alegaciones sobre un supuesto incumplimiento del Código de conducta). Resulta de igual interés la formación que se presta a funcionarios sobre como tratar a los grupos de interés.

En España debiéramos inspirarnos en estas herramientas de la UE, algunas administraciones autonómicas y locales ya cuentan con Registros similares, tales como el del Ayuntamiento de Madrid, es capital extenderlos por toda nuestra geografía, y que culmine la regulación a nivel nacional que ya parece inminente.