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Los lobbies deberán estar inscritos en un registro hasta para entrevistarse con funcionarios de cualificación técnica

Los cargos políticos de la Comunidad Autónoma no solo informarán de las actividades que realicen de cara a salir en los medios de comunicación. Sus agendas públicas, con las reuniones más relevantes que mantengan cada día en sus despachos, estarán a disposición de los ciudadanos próximamente en el Portal de la Transparencia. Esa es la intención de la consejería del ramo, según confirmó su secretario general, Enrique Ujaldón, quien señaló que la idea es buscar una aplicación informática para que la agenda de reuniones de cada alto cargo se suba automáticamente a la página web, de manera que se añada a las previsiones actos públicos del día en los que vaya a participar dicho político. Actualmente solo se dan a conocer las ruedas de prensa, inauguraciones y visitas institucionales de interés mediático que llevan a cabo el presidente, consejeros, secretarios y directores generales a lo largo de la semana.

Esta será una de las principales novedades que se contemplarán en el Plan de Gobierno abierto que elabora el Ejecutivo regional, y que actualmente se encuentra en fase de consulta pública. Este plan también contempla la creación de un registro de lobbies, en el que tendrán que estar inscritos los colectivos con algún tipo de interés en las decisiones de la Administración que quieran acceder a un encuentro con algún cargo público de la Comunidad. Enrique Ujaldón trabaja estos días para llevar a la práctica este registro, basándose en las propuestas que, a nivel estatal, ha realizado la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI). «Pronto se aprobará una ley nacional sobre lobbies y lo que queremos en la Región es adelantarnos. Lo que nosotros no queremos es que esta herramienta sea una carga para los posibles grupos de interés ni tampoco para la Administración, que no se convierta en una carga burocrática que acabe limitando la capacidad de acceso. Queremos que sea algo lo más automático posible, y también lo más barato posible, a través de un canal informático», indicó el secretario general de Transparencia y Buen Gobierno.

El documento de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales propone que estar en el registro de lobbies no solo será necesario para reunirse con un alto cargo, sino también «con aquellos empleados públicos que desde su competencia profesional son los que definen elementos de detalle que son claves para la eficacia de las normas». Aquí se incluirían aquellos funcionarios de alta cualificación técnica que asesoran a los políticos a la hora de elaborar sus leyes y decretos. Los famosos ‘técnicos’ en los que se suelen escudar aquellos que tienen que dar explicaciones a la Justicia por su gestión pública. No se estaría hablando de los asesores eventuales, pues en la Comunidad la mayoría de ellos se dedica a labores de prensa y no mantienen reuniones con grupos de interés. Estos funcionarios técnicos también informarán de las reuniones que mantengan y que puedan ser de interés para la ciudadanía de la Región.

El registro de lobbies ya se aplica a escala nacional, según confirmó el secretario general de Transparencia y Buen Gobierno, Enrique Ujaldón. En otras comunidades autónomas como Cataluña, el registro era voluntario y no funcionó, por eso la intención de hacerlo obligatorio.

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El plazo para participar en la consulta pública del Plan regional de Gobierno Abierto se abre mañana lunes. Todos los ciudadanos que lo deseen podrán hacer sus aportaciones al plan a través del Portal de la Transparencia (transparencia.carm.es), que se sumarán a las de expertos en la materia, más de 1.300 entidades y asociaciones y los empleados públicos de la Administración regional.

“El Plan regional de Gobierno Abierto tiene como objetivo mejorar la calidad democrática de las instituciones públicas y profundizar en la cultura de la rendición de cuentas en la Región, y queremos contar con la contribución de todos los sectores sociales para consolidar el notable avance en materia de Gobierno Abierto logrado en los últimos años”, destacó la consejera portavoz, Noelia Arroyo.

La Región de Murcia se convierte en la tercera comunidad en poner en marcha un plan de este tipo “con la singularidad de que este ha sido impulsado bajo la premisa fundamental de que sea el más permeable a todas las propuestas y aportaciones de la sociedad murciana”, apuntó la consejera. Así, la Región de Murcia se sitúa a la vanguardia nacional en materia de participación, colaboración institucional y transparencia y coloca a los ciudadanos en el centro de la toma de decisiones.

El documento inicial del Plan de Gobierno Abierto incluye 90 medidas estructuradas en torno a seis ejes: Transparencia y Derecho de acceso, Participación ciudadana, Colaboración, Datos abiertos, Buen Gobierno, y Evaluación de políticas públicas.

Entre las medidas concretas se encuentran iniciativas como el registro de lobbies, la Ley de Buen Gobierno y el código ético de altos cargos, la guía de datos abiertos, el Consejo Asesor de Participación Ciudadana y la guía del derecho a la información.

Además de la consulta pública destinada a todos los ciudadanos, se incorporarán las aportaciones de las entidades y asociaciones, las que ya realizaron los empleados públicos de la Administración regional, recabadas a través de una consulta realizada el pasado mes de julio, y las de expertos en la materia.

También se incluirán las propuestas de consejerías y centros directivos, la Red Regional de Municipios para la Participación Ciudadana, el Consejo de Transparencia de la Región, colectivos y entidades de todas las áreas. La consulta se mantendrá abierta hasta el 30 de noviembre.

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El lobby empresarial Barcelona Global ha lanzado una advertencia: la reputación de la marca Barcelona está en peligro. Desde esta institución, privada y sin ánimo de lucro, se insta a los responsables de la situación por la que está atravesando la ciudad “que emprendan todas las medidas para que Barcelona recupere su imagen de ciudad global, activa, abierta al talento, la creatividad y la ciencia”.

En representación de las principales empresas que operan en la capital catalana, Barcelona Global ha recordado en un comunicado “que es una ciudad respetada y admirada, y está cerca de formar parte del selecto grupo de ciudades globales”. En este sentido recuerda que “llegar hasta aquí no ha sido fácil. Construir esta reputación, la marca Barcelona, ha sido un trabajo de décadas en el que todos hemos contribuido”.

La entidad, presidida por Gonzalo Rodés, ha hecho un repaso a algunos de los logros obtenidos por la ciudad desde 2012 -año en el que se constituyó Barcelona Global- en una nota que ha titulado “No good news today“. En la misma, menciona desde la llegada de Amazon, la sede del Hub Digital de Nestlé; a éxitos empresariales como Wallapop, Privalia, eDreams, y otras grandes marcas como Apple, Uniqlo o Hotel Mandarin Oriental que desde hace pocos años han elegido Barcelona como la ciudad para abrir el mercado de España.

También valoran el hecho más reciente: “Acabamos de recibir la mejor calificación entre las ciudades candidatas que aspiran a ser sede de la Agencia Europea de Medicamentos”.

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Madrid, 4 de octubre de 2017 – Access Info Europe y Transparencia Internacional España instan a los grupos parlamentarios a que la regulación del lobby en el Congreso de los Diputados garantice la transparencia y la rendición de cuentas en la toma de decisiones, en línea con los estándares internacionales.

Las organizaciones han valorado positivamente la reanudación del debate sobre la regulación de la actividad de los lobbies a través de la Proposición de reforma del Reglamento del Congreso de los Diputados presentada por el Grupo Parlamentario Popular.

Sin embargo, consideran que el alcance del actual texto es muy limitado, que se encuentra alejado de los estándares internacionales y que ni siquiera cumple los mínimos transparencia e integridad del lobby que ya contemplan regulaciones de nuestro entorno como en Francia o la Unión Europea.

Ambas organizaciones han hecho llegar sus recomendaciones a los grupos parlamentarios. El documento está disponible aquí: alt

Pedimos que la regulación del lobby garantice el acceso a información básica para saber cómo se toman las decisiones públicas. Para eso la norma debe establecer claramente que el registro vaya a ser público, pero también las agendas de los diputados”, ha declarado Alba Gutiérrez Coordinadora de campañas de Access Info.

“Existe un interés público significativo en asegurar la transparencia e integridad del lobby. Para que la reforma actual no suponga una oportunidad perdida, es fundamental que se amplíe el concepto de qué y quién hace lobby, la información que se proporciona a la hora de registrarse y que el organismo de supervisión se independiente,” añade Jesús Lizcano Álvarez, Presidente de Transparencia Internacional España.

Entre las propuestas de las organizaciones, en línea con los Estándares Internacionales de la Regulación del Lobby, destacan:
» Definir la actividad del lobby de manera clara e inequívoca, como actuación que implique cualquier comunicación directa o indirecta con un cargo público que se realice, gestione o instruya con la finalidad de incidir en decisiones sobre cuestiones públicas.
» Garantizar que la información del registro va a ser detallada y accesible y va a permitir el ejercicio del control por parte de la sociedad civil.
» Publicación de las agendas completas de trabajo de los cargos con responsabilidad en la toma de decisiones, con información sobre las reuniones mantenidas, incluyendo los documentos compartidos.
» Crear un mecanismo independiente de supervisión que disponga del mandato y de los recursos suficientes para velar por el cumplimiento de las obligaciones. El modelo propuesto por el texto para que sea la Presidencia del Congreso con la asistencia de la Secretaría General no cumple estos requisitos.
» Establecer sanciones ante el incumplimiento de las obligaciones tanto a lobistas como a cargos públicos o políticos.

Ambas organizaciones inciden, además, en que, introducir una regulación del lobby únicamente en el Congreso de Los Diputados de forma aislada e independiente, limita el alcance de la misma. Por eso, piden a los grupos parlamentarios que avancen en la regulación del lobby en el poder ejecutivo, a través de la Ley sobre la protección de denunciantes que está actualmente en debate, contemplando un registro común o conectado para los distintos poderes.

Para más información, por favor, contactar con:

Alba Gutiérrez, Investigadora y Coordinadora de campañas | Access Info Europe
Envía un e-mail o llama al +34 913 656 558
o
Daniel Amoedo Barreiro, Coordinador de Proyectos | Transparencia Internacional España
Envía un e-mail o llama al +34 917 004 119

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Un día de hace cinco años Politikon decidió dejar atrás su pretendida objetividad y se embarcó en una cruzada: revelar la verdad a sus lectores. Anunciaban que dejaban de ser lo que quiera que fueran para pasar a ser un actor político más. «La situación del país es desesperada”, afirmaban. «Por eso Politikon deja de ser un grupo de análisis y da un paso al frente para convertirse en un partido político: el Partido de la Verdad Absoluta».

Claro, era el día de los inocentes, y por aquel entonces todavía no estaba tan de moda lo de montar partidos políticos outsiders, así que la cosa cantaba. Cantaba por la fecha… y porque en un partido político normalmente la gente está de acuerdo, o aparenta estarlo. Pero en Politikon no: al preguntarles dicen que no hay una ideología común, ni una opinión común. De hecho, ni siquiera se ponen de acuerdo al rememorar quiénes fueron los fundadores del proyecto. Aciertan en coincidir en tres nombres (Roger Senserrich, Jorge Galindo y Jorge San Miguel), pero luego unos mencionan nombres que otros pasan por alto.

Cuando lanzaron la broma llevaban ya dos años en marcha y un buen puñado de lectores. Hoy son una de las referencias más conocidas en el análisis político patrio, y otros muchos nombres se han unido a esa lista que aciertan a dibujar: Kiko Llaneras, Pablo Simón, Luis Guirola, Juan Font, Octavio Medina, María Ramos, Elena Costas, Berta Barbet, Silvia Clavería, Gonzalo Rivero… Muchos de ellos suenan incluso a gente que no ha leído Politikon jamás, y esa es parte de la clave del éxito: lo que empezó siendo una web de análisis político acabó dando el salto fuera de la web y ha llegado a muchos otros ámbitos, donde sus miembros se han hecho conocidos. No es raro verlos firmando en medios, apareciendo en televisiones o participando en debates. Se han hecho famosos, y sin necesidad de montar un partido de verdad.

Kiko Llaneras, por ejemplo, era profesor de ingeniería en la universidad… y ahora hace periodismo de datos en El País. Sus análisis estadísticos y sus coloridos gráficos primero tuvieron a El Español como plataforma de aterrizaje en el periodismo.

«Yo veo las conexiones», dice respecto al cambio. «Me gusta investigar y hacerme preguntas, pero también contarle el resultado a alguien. La academia y el periodismo explicativo comparten eso. Empecé un blog desde la universidad mientras hacía la tesis, con la idea vaga de hablar sobre actualidad con datos y una visión científica. Era 2006 y el periodismo de datos ni siquiera existía como tal. El blog me enseñaba cómo contar cosas. Siempre digo que yo he aprendido a escribir en directo, con gente mirando. Y cuando digo a escribir no me refiero a hacer poesía o expresarme de maravilla, sino a escribir con frases cortas y poner bien los acentos», comenta. «Hace un par de años dejé la universidad para mudarme a Madrid y dedicarme a escribir, dar charlas y hacer consultoría. Sigo influido por los años de ingeniería, tesis y ‘papers’… pero también por Politikon. La deuda exacta es imposible de medir».

El suyo es quizá el caso más llamativo, pero no es el único ‘giro vital’ de sus participantes. Jorge Galindo, sociólogo de formación, es ya un habitual en las páginas de El País o de JotDown, y  The New York Times ha publicado sus artículos. Pablo Simón, profesor de política en la UC3M, compagina la codirección de un máster sobre análisis político y electoral con las tertulias políticas televisivas. Todos ellos, junto con otros tres miembros, se lanzaron también a escribir ‘La urna rota‘ (también conocido como ‘el libro de Politikon’).

Es difícil medir cuánto de todo eso habría sido igual si no hubieran puesto en marcha la web. «Sin Politikon no creo que hubiese logrado tener espacio en medios nacionales o de fuera», confiesa Galindo. «También le ayuda a uno a bajarse un poco de la torre de marfil académica, tocar mundo real. No nos podemos quejar de tener una voz, es de hecho por lo que peleábamos desde el principio», completa.

Llaneras ve esa exposición mediática como algo positivo porque, como explica, «un propósito de Politikon era participar del debate público». Simón, en la misma línea, también le señala algunas zonas de sombra inherentes a la fama: «Es cierto que a veces te mueve a la tensión de hablar de lo inmediato o te arrastra a temas que no pilotas -por ejemplo, en tertulias- pero también permite darle un enfoque distinto a las cuestiones. En general puedes hacer una contribución modesta, pero a veces valiosa. Ahora bien, eso no quita que a veces te equivocas, te desgastas anímicamente -las redes no pasan una- y que, incluso, hay académicos que no ven bien que se tenga presencia en los medios de comunicación», explica.

«Al principio era una cosa mucho más centrada en web, en la idea de ser un blog. A medida que fuimos haciendo cosas offline nos fuimos moviendo hacia la idea de plataforma». Porque no, no todo son los medios. También hicieron suyo el modelo de cita pública de ‘beers and…’, adaptado como ‘Cervezas y Politikon‘. En esencia, debates políticos con público asistente y participante y -claro- cerveza. Cuatro años de mucha cerveza, mucho análisis y mucha divulgación, que es de lo que se trataba.

El origen, una confluencia (de blogs)

Porque, como toda historia de éxito, la de Politikon tiene un inicio. Jorge Galindo asegura poder recordar sin mirar cuál fue su primera contribución, e incluso la fecha. «Se titulaba ‘Hola mundo’ y fue a principios de enero de 2011», aunque dice que puede que no conste como el primero porque algunos de los miembros migraron los archivos de sus blogs anteriores. De hecho, más bien parece que se refiere a ‘Hola‘, un post de enero de ese año que hacía las veces de presentación. Por aquel entonces escribía bajo el título ‘De lo posible’, mientras que Llaneras lo hacía bajo ‘Entre datos’. «En el archivo habrá cosas más antiguas y más vergonzantes aún», bromea. Por aquella época hablaban del Frente Gnomo, pero por lo demás todo en orden.

Galindo recuerda aquel inicio como una suma de fuerzas. «Éramos un grupo de freaks de la ciencia social que nos leíamos los unos a los otros, y como 200 personas más. Yo había tenido otros proyectos, como un blog común con Edgar Rovira, que habían suscitado alguna atención. Roger, San Miguel y otros también tenían una cosa llamada ‘Lorem Ipsum’ que era una especie de web-tank…», rememora. En aquellos años muchos -sociólogos, periodistas y demás- tenían blogs en los que compartían su visión del mundo.

«En realidad yo no estuve en la génesis de Politikon: me contactaron Roger, Galindo y San Miguel cuando ya tenían el proyecto medio pensado, aunque todavía no estaban online», cuenta Llaneras, que recuerda que entró «para haber escrito y que me leyeran. Un blog personal era un montón de trabajo, y yo no podía escribir algo decente cada día. Politikon era perfecto: podía juntarme con gente que publicaba cosas estupendas y hacer masa crítica. Eso es muy importante en internet, o en el internet de entonces», recuerda. «Para mí fue un golpe de suerte. Estábamos en 2010 y por entonces yo andaba entregado a mi crisis de los treinta -aunque tenía 29-: había dejado de escribir en internet. Demasiadas horas solitarias. Quería un cambio y decidí que iba a vivir al sol y correr maratones. Hice ejercicio el 82% de los días ese año. La rutina fue un éxito y nunca he dejado el deporte desde entonces, pero lo de no escribir resultó un fracaso. Ese invierno me cité con Jorge Galindo y me propuso Politikon».

«Yo leía Politikon desde que apareció y me parecía un blog muy interesante que iba un poco en la línea de otros como ‘La moqueta verde’ o ‘Becario en Moncloa’. Se escribía de política sin estridencias y con un enfoque de ciencia política. Cuando me propusieron entrar no me lo tuve que pensar demasiado», explica Pablo Simón. «Al principio era menos profesional y más una cuestión de ocio. Ahora ha tenido ramificaciones que nos han llevado a tener mucha más presencia en los medios, a que se nos tenga en cuenta por parte de los políticos… En realidad, ha sido un éxito inesperado, algo sobre todo llevado por una coyuntura muy favorable para nuevas voces», analiza.

Galindo coincide en esa visión de evolución sobre la marcha.«Como proyecto no era más que un blog. Luego fue mutando por dos motivos: porque nos hicimos amigos, y porque tuvo éxito de audiencia. Ganar influencia hizo que Politikon -y los que lo hacemos- fuese más serio, más profesional. También más cautos», añade Llaneras. «Lo que no ha cambiado -coincide Galindo- es lo de ‘grupo de amigos’: tendrías que ver la absurda variedad de temas que se tratan en el grupo de WhatsApp…».

Las ideologías de Politikon

Pero, ¿qué es en realidad Politikon más allá de una plataforma online de análisis político? ¿Es un lobby? ¿Es un think tank? «Yo creo que somos un poco de todo. Es verdad que compartimos enfoque sobre las cuestiones políticas y que, parecido a un lobby, más que empujar políticas concretas discutimos de ‘temas’ que creemos que son importantes. En general nos interesa más que se hable de algunos temas desde enfoques más rigurosos que otra cosa», comenta Simón. Galindo dice algo parecido, pero desde un enfoque contrario: «Ninguna etiqueta nos encaja. Think tank no somos porque nos falta un set de políticas concretas y una maquinaria -y recursos- para llevarlos adelante. Lo mismo para lobby. Pero hacemos cosas de lobby -intentamos poner temas sobre la mesa- y de think tank -intentamos construir puentes entre la academia y el debate público)-. Al final, lo que intentamos ser es una plataforma de debate más o menos coordinada».

Ese ‘coordinada’, aseguran, no tiene que ver con una ideología común. «Cada miembro tiene la suya. A veces desde fuera parecemos mucho más homogéneos de lo que somos internamente», asegura Simón. «Somos bastante plurales, aunque si nos sumas a todos te saldrá una ideología media que no será el centro. En el eje izquierda-derecha nuestro centro de masas estará a la izquierda, creo», explica Llaneras, entrando algo más al detalle. «Si cuando escribo utilizo datos y literatura [científica], y si, sobre todo, me esfuerzo por ser riguroso y justo con los argumentos, mi ideología debería dar casi igual. Estoy seguro -continúa- de que la objetividad existe, pero hay que entenderla como un ideal: nunca la vas a alcanzar, pero tu responsabilidad es perseguirla. Pasa lo mismo como con la bondad, la igualdad o la justicia. Nadie es del todo justo, pero a nadie se le ocurre decir que la justicia es una invención».

«La brújula normativa en Politikon está más en cómo hablar de las cosas que en qué decir», añade Galindo, que explica que ni siquiera la elección de temas está dirigida. Eso no quita que no existan las pequeñas obsesiones de cada cual, como los trenesel contrato único. «Somos asamblearios, la verdad, lo cual significa que hay mucha voluntad de coordinación y que luego no es tan sencillo llevarla a la práctica. La libertad es muy considerable. Lo que hacemos para compensar es organizar ciclos temáticos dirigidos por dos o tres especialistas de los nuestros que se encargan de hacer calendarios de publicación sobre un tema completo. El de ‘Género, infancia y desigualdad‘ y el de ‘Educación‘ son los dos ejemplos más claros».

«Tenemos más bien una descoordinación editorial», bromea Llaneras. «Hay una sucesión de debates por correo o por WhatsApp donde se van decidiendo cosas de forma asamblearia, y a veces votamos. Pero con los temas siempre ha habido libertad para que los editores escribiéramos de todo. Sí decidimos, en un momento dado, intentar no escribir ‘rants’ ni pelearnos en Twitter. Cuando eres un blog pequeño hay incentivos para darle hostias a todo el mundo. Existe la tentación de ser un ‘outsider’ justiciero y criticar a periodistas, a políticos y a cualquier otro famoso», comenta.

Ese tipo de contenido, más llamativo y cortoplacista, tiende a traducirse en audiencia fácil. Y eso, en el ecosistema de la publicidad, es algo con cierto sentido aunque resulte difícil de creer: aumentar visitas implica aumentar ingresos. Pero la cuestión es que Politikon no tiene anunciantes. Y tampoco genera dinero. «No cobramos directamente de Politikon ninguno de nosotros. Algunas de nuestras colaboraciones en medios van de hecho a la plataforma, así como donaciones nuestras y de algunos micro-mecenas. En todo caso, Politikon sí ha tenido externalidades positivas porque nos ha permitido generar una marca que ha dado ocupaciones y tribunas por las que percibimos ingresos, pero eso es a nivel particular», comenta Simón.

«No es un negocio, no», reconoce Llaneras. «Los editores no cobramos. Al revés. Politikon sobrevive con pocos gastos, que se financian con esas aportaciones de los editores, con las ventas de ‘La urna rota’ y con las colaboraciones de los lectores que nos apoyaron al principio. Con más dinero podríamos hacer más cosas, pero dotarse de estructura es complicado», explica. «Pero no voy a decir tampoco que mi trabajo en Politikon fuese desinteresado. Siempre me aportó cosas. Los primeros años era divertido y alimentaba el ego. Para mí eso es una obviedad: uno escribe por dos motivos, por dinero o por ego, y como en Politikon no había dinero, pues debió ser por ego. También es evidente que Politikon fue una oportunidad. Mi deuda es obvia, aunque sólo sea porque aprendí a escribir allí y ahora vivo en parte de eso».

Y eso a pesar de que hay muchas horas detrás. «La verdad, nunca he querido contar el tiempo invertido», sentencia Galindo. «Va a rachas: algunas semanas se las he dedicado casi íntegramente, por ejemplo cuando tenemos un proyecto gordo entre manos. Otras son más relajadas. Pero que las horas no están pagadas, eso seguro», lamenta. Llaneras, por su parte, ahora está algo menos metido en el proyecto, pero no siempre fue así: «Entre 2011 y 2015 le dediqué una cantidad indecente de tiempo. Supongo que desde fuera parecía una locura, y probablemente lo era, aunque ahora parezca una inversión. Yo siempre decía que era un hobby extraño. Desde niño he tendido a la obsesión: podía dedicar semanas a proyectos absurdos como hacer una lista de ciencia ficción muy sofisticada o programar un Excel para gestionar mi paga. Esta tendencia obsesiva nunca me vi capaz de quitármela, pero aprendí a canalizarla hacia cosas semiútiles que podían interesar a otra gente que me leía -la burbuja inmobiliaria, las estadística de fútbol, la predicciones electorales-. Politikon y todo lo que ha venido después es mi intento de hacer algo útil con esa forma de ser», comenta.

Y así, con horas dedicadas por amor al arte e incluso algún gasto de su propio bolsillo, el proyecto fue creciendo. Post a post, semana tras semana, va para seis años y muchos cambios en medio. Y sigue incorporando firmas. «Aceptamos colaboradores sin límite ni credencial necesaria; con que el texto sea interesante y fundamentado nos vale», asegura Simón. La única condición, explica Llaneras, es que el texto «debe cumplir determinados estándares, que juzgan un par de editores -y afortunadamente ninguno soy yo-. Normalmente buscamos expertos en temas. Usamos las colaboraciones sobre todo para abordar temas que no reciben atención o para dar detalles sobre asuntos complejos», comenta. «Esperamos de ellos que aporten cosas que nosotros no controlamos bien, que iluminen otros ámbitos», completa Galindo.

Y así, ese grupo de analistas que acabaron haciéndose amigos y saliendo en los medios, ha llegado hasta hoy. «La cosa funciona porque compartimos una vocación analítica», recalca Llaneras. «Esa idea siempre estuvo en Politikon y en lo que hacemos: tratar de ofrecer una visión rigurosa de asuntos complejos y debatir con esa perspectiva», completa. Eso, y por haber acabado haciéndose amigos. «Compartimos rasgos circunstanciales: veníamos de internet, teníamos voz de blog, usábamos Twitter y pertenecíamos a cierta generación»… y eso facilitó las cosas, parece. Por eso se admiten colaboraciones, pero hacerse un hueco entre los editores ya cuesta más. “El equipo no se formó desde el principio: ha habido entradas y salidas, así que nada es inmutable. Pero, por ahora, no entra en nuestros planes modificar ese equipo central», explica Galindo. Primero, en cualquier caso, las candidaturas de los interesados quizá deberían superar una votación asamblearia en el grupo de WhatsApp. Marca de la casa.

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Silicon Valley ha tomado el carril lento hacia Washington. Empresas como Facebook y Amazon van por detrás de las telecos en lo que a intentar influir en el Congreso se refiere. Eso podría salirles caro en las batallas sobre la neutralidad y la privacidad de la red.

Las tecnológicas ya no pueden darse el lujo de la displicencia cuando se trata de política. Su actitud emprendedora en algunas áreas poco reguladas engendró en gran medida una actitud de evitar hacer lobby en la capital. Ahora, sin embargo, los republicanos quieren revertir las normas que exigen a los proveedores de Internet que traten el tráfico online de forma igualitaria e imponer estándares más estrictos para la protección de datos personales.

Eso deja a los titanes online compitiendo contra los experimentados y de bolsillos igualmente anc hos proveedores de Internet, como AT&T, Verizon y Comcast, que tienen más personal en sus grupos de presión en Washington. El año pasado, las telecos dedicaron alrededor de 86 millones de dólares a ello. El sector tecnológico no entró entre los 20 primeros sectores con más gasto.

En la primera mitad de 2017, Facebook, Google, Amazon y Apple sólo superaron ligeramente a las tres grandes telecos, a pesar de que su valor de mercado combinado es cuatro veces mayor. Google ha elevado su gasto –9,4 millones en el primer semestre–, que ya es algo superior al de AT &T, y también Amazon lo está subiendo.

Hacer presión con astucia puede marcar la diferencia. Para ayudar a impulsar la compra de Time Warner por AT&T, las compañías contrataron a un ejército de abogados de Washington. Los que se oponían al acuerdo tuvieron dificultades para encontrar gente sin conflictos de intereses. Incluso a los sofisticados lobbys de General Electric y Boeing les han pillado por sorpresa campañas con mejores recursos. Este año, la industria manufacturera fue superada por la minorista, que rápidamente se movilizó contra un posible ajuste tributario aduanero.

Las empresas de tecnología, acostumbradas a inventar nuevas maneras de hacer las cosas, están recibiendo un duro recordatorio de que las cosas en el Capitolio se hacen a la antigua.

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El grupo del Partido Popular en el Congreso de los Diputados ha presentado una propuesta de reforma del reglamento de la Cámara para la regulación de los grupos de interés. En Civio celebramos que se debata al fin este asunto, pero creemos que la propuesta se queda a medias. Primero, porque no aclara qué información se va a publicar en la página web del Congreso. Segundo, porque establece una definición de lobby que podría dejar fuera a buena parte de quienes lo ejercen. Y, tercero, porque se ha encomendado su seguimiento y control a la propia Presidencia del Congreso de los Diputados, que en la actualidad ejerce Ana Pastor (PP).

Por eso, hemos enviado a los partidos políticos de la Cámara Baja varias modificaciones a la propuesta planteada. La más importante pasa por su publicidad. Aunque la propuesta establece cuál será el contenido del registro y aclara que será “público”, marca que “la Presidencia, con el parecer favorable de la Mesa y de la Junta de Portavoces, adoptará las disposiciones necesarias para garantizar la publicidad del registro, con las garantías suficientes para proteger los datos que deban mantenerse reservados”. Eso que se deja para un desarrollo posterior es la clave de un registro enfocado hacia la rendición de cuentas y el seguimiento de la huella legislativa: qué se va a publicar y qué no.

Nuestra propuesta pasa por establecer que todo el contenido, excepto los datos de contacto de las personas físicas, se publique en la web del Congreso. Esta decisión, esencial, no se puede dejar en manos de un desarrollo posterior. Otra de nuestras propuestas de mejora pasar por modificar la definición de grupo de interés que incluye la reforma. La propuesta del PP deja fuera a multitud de entidades que ejercen como tal y se aleja de los estándares internacionales sobre la materia. Para Civio, un grupo de interés es “cualquier organización o individuo, independientemente de su estatuto jurídico, que defiende o expone intereses, en nombre propio o ajeno, con el objetivo de influir de manera directa o indirecta en la formulación o la aplicación de políticas y en los procesos de toma de decisiones de las instituciones”. Y así se lo hemos trasladado a los grupos.

Además de añadir contenido al registro para que cumpla su función de forma efectiva e incluir obligaciones para los diputados -la propuesta del PP solo contiene deberes para los grupos de interés-, nuestras recomendaciones incluyen un cambio de base: ¿quién se va a encargar de vigilar su cumplimiento? Según la propuesta popular, la propia presidencia de la Congreso, a cargo de Ana Pastor, miembro del partido del Gobierno y del de la mayoría de los diputados de la Cámara. Es decir: un solo partido vigilará que se cumpla la norma y gestionará el registro de una cámara plural. Para evitarlo, proponemos que las funciones de control pasen a la Comisión permanente del Estatuto de los Diputados, donde participan todos los grupos políticos del parlamento. Desde Civio creemos que el Congreso, por su papel vital en la vida pública española, no debe ir a la zaga de otras normativas y debe ser líder en rendición de cuentas, desde la apertura, la confianza y la honestidad.

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El pleno del Consell aprobó ayer el anteproyecto de ley regulador de la actividad de lobby en el ámbito de la Generalitat y su sector público, cuyo objetivo es garantizar la transparencia de estos grupos en la adopción de políticas públicas y poner freno a «la cultura del amiguismo».

Así lo explicó el conseller de Transparencia, Manuel Alcaraz, en la rueda de prensa posterior al pleno del Consell, en la que destacó que la Comunidad Valenciana es la única autonomía que contará con ley específica que regule el fenómeno de los «lobbies» y ha precisado que no es una ley contra estos.

La futura ley incluye la creación de un Registro de Lobbies, que será electrónico, público, gratuito y obligatorio, para poner al alcance de la ciudadanía la información sobre la actividad e influencia de los grupos de interés en sus relaciones con la Administración. Esta ley contempla, además, sanciones que pueden alcanzar los 6.000 euros en caso de incumplimiento.

También regula un código de conducta para los «lobbies», con unos mínimos de obligado cumplimiento, además de sistemas de control y fiscalización de la información registral, y contempla la posibilidad de que ciertas normas puedan ser negociadas con estos grupos de presión, sin que eso sustituya la participación ciudadana y el trámite de audiencia actual.

Alcaraz ha explicado que el resultado de esta negociación no será vinculante, aunque en el caso de separarse del resultado del proceso de negociación, el Consell tendrá que motivar las razones de su posición negativa.

La futura norma define la actividad lobby, que toda comunicación directa o indirecta, oral o escrita, con los cargos o empleados públicos, para influir en la adopción de políticas públicas y en la elaboración de los proyectos normativos, desarrollada en nombre de un grupo organizado de carácter privado o no gubernamental.

Esta ley afectará a los cargos públicos y al personal empleado público de la Administración de la Generalitat y de su sector público instrumental.

Se regula también lo que se denomina «huella normativa», referida a la publicidad de los contactos que la Administración de la Generalitat mantiene con los lobbies durante la elaboración de los anteproyectos de ley y los proyectos de decreto, que se deberá relacionar junto a las normas y se publicará en el Portal de transparencia.

También se incluye un capítulo con el régimen sancionador específico en materia de lobbies y lobbismo, donde se tipifican los hechos que se consideran infracción para el lobby, cargo y empleado público y las sanciones que pueden suponer.

La Conselleria de Transparencia elaborará de anualmente un informe sobre la actividad y el funcionamiento del Registro de «Lobbies», cuya inscripción en él implicará obligaciones pero también beneficios, como poder presentarse como lobby inscrito en el registro delante de la Generalitat, lo que posibilitará la reunión o contacto con cargos de la Administración o empleados del sector público.

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El grupo del PP en la Junta General del Principado de Asturias (JGPA) ha rechazado en el pleno de este viernes una enmienda de IU a su proposición para regular los «grupos de interés» o «lobby». La coalición pretendía que también se crease un registro sobre los «lobbies» que operen ante la JGPA. La enmienda solicitaba además que se crease un registro de la agenda pública de los diputados.

La negativa del PP a incluir este punto en una proposición que finalmente fue aprobada ha causado «extrañeza» en el portavoz de IU, Gaspar Llamazares, quien ha considerado raro que se contemple regulación para «lobbies» frente al Gobierno pero no frente al parlamento. «Nos resulta extraño que no se admita esa enmienda», ha dicho Llamazares, quien, no obstante, terminó votando a favor de la iniciativa de los populares.

La proposición no de ley aprobada pide al Gobierno un registro obligatorio de los grupos de interés en el Ámbito de la Administración del Principado, las entidades locales y sus organismos y entidades públicas, que será público, así como tipificar las infracciones en la materia y elaborar un código ético.

En la votación, Podemos ha tenido la llave del resultado final, dado que el PSOE votó en contra mientras que PP, IU, Foro y Ciudadanos lo hacían a favor. Si la formación morada hubiese votado en contra, la iniciativa habría decaído. Pero aunque el diputado de Podemos Daniel Ripa fue muy crítico con el PP, su grupo terminó absteniéndose y la propuesta del PP salió adelante.

Ripa, en su intervención, dijo que el problema no era el registro de los grupos de interés sino que en el PP «han ascendido demasiado rápido algunos delincuentes» y ha dicho que la proposición aprobada era «cosmética».

El diputado del PSOE Marcos Gutiérrez Escandón ha recordado que esta regulación de los lobbies ya se está abordando en el Libro blanco de Participación Ciudadana. Para el socialista, la iniciativa defendida por el PP no es más que «una improvisada ocurrencia del partido de Bárcenas en un intento de lavado de cara».

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Ya hay autores, como Edward T. Walker1 , que se atreven a hablar de la “uberización del activismo”, haciendo con ello referencia a la movilización de los ciudadanos como parte de la estrategia de lobbying e influencia de una compañía. El ejemplo de Uber es uno de los más sonados en Europa, pero no el único. Las compañías empiezan a sumar esta otra dimensión de la influencia, que sigue siendo política, pero utiliza como acelerador lo social.

Vivimos una transformación en la forma como las empresas influyen en la elaboración y desarrollo de las políticas públicas. Una transformación creativa, que tiene mucho aún de tabú, y que está en el backstage de muchas organizaciones, con y sin ánimo de lucro. Una transformación que amplía las posibilidades de diálogo y participación política de las empresas, así como del resto de grupos de interés2, porque, donde la mayoría solo ve en la política más incertidumbre, volatilidad y caos, una minoría ha sabido ver más actores (ciudadano o consumidor lobista), más issues (de impacto directo e indirecto en el negocio), más canales (off y online) y más eficiencia (gracias, principalmente, al big data).

Influir en política

En esa transformación las mejor posicionadas han sido las empresas unicornio3, como puede ser el caso de Uber, Pinterest, Spotify, Dropbox o Airbnb, y las medianas B2C. En las primeras, porque su juventud las hace carecer de los prejuicios que tienen las empresas tradicionales –cuando de activismo se habla, las empresas suelen verse enfrente de los ciudadanos y no a su lado. En las segundas, porque su estructura más ligera, y su contacto directo con el consumidor final, les permite adaptar estrategias y aprovechar oportunidades de forma mucho más ágil. En unas y otras porque son nativas digitales, pero también las empresas tradicionales se plantean qué otras opciones tienen cuando los espacios clásicos de influencia en la política se hacen menguantes y el escrutinio sobre la acción de gobierno se amplia, socializa y diversifica.

Cambiarán muchas cosas, pero el interés de las organizaciones por influir en la convivencia, no. Más al contrario, cada vez más grupos de interés van a competir por ocupar posiciones de influencia pública. Cuando hablamos de influencia en política, nos referimos a las estrategias, tácticas y acciones que los grupos de interés llevan a cabo de forma legítima (ética, estética, legal y crecientemente transparente), con objeto de modificar, frenar o impulsar políticas públicas. Y, en este punto, es relevante subrayar la idea de legitimidad. El lobby, para ser tal, ha de ser legítimo, no solo en su origen, sino también en el mensaje (qué pide), en el medio (cómo lo pide) y en el fin buscado (para qué lo pide).

¿Pero a qué obedece la acción de los grupos de interés en política? La democracia no es un modelo unilateral. La democracia es un proceso que mejora en la negociación y en lo gris. Existe un trasvase continuo de información e influencia entre lo público (instituciones públicas) y lo privado (grupos de interés) del que depende la calidad democrática de las sociedades occidentales. Cuanto mejor sea la calidad de esa relación, cuanto más plural, cuanto más matizada, mejor es la política pública resultante. Más, si cabe, en medio de la complejidad actual. En una reciente conversación un miembro del Congreso decía que uno de sus aprendizajes en política ha sido que no existe un “sí” o un “no” puros y que, a medida que escuchaba a los distintos actores implicados en un determinado asunto público, ya fuera la regulación de la prostitución o el establecimiento de una renta mínima universal, más dudaba, y, probablemente, fruto de la duda y la confrontación, mejoraba su decisión final. “Nunca he cambiado tantas veces mi posición original sobre un asunto público como ahora que estoy en política”. Y es que, en la disciplina de partido, también caben los matices.

Las empresas hacen política

En un escenario de creciente transparencia, accountability y participación ciudadana4, ¿qué rol deben ocupar los grupos de interés para incrementar sus posibilidades de influencia en la agenda pública? Como mencionábamos al comienzo de este artículo, existen cuatro vectores clave de movimiento: más actores, más issues, más canales y más métodos.

Más actores. No solo hacen lobbying las empresas grandes y las ONG, los sindicatos o las patronales. Al diálogo con los poderes públicos se han ido sumando nuevos actores. La lenta normalización de las relaciones entre actores públicos y privados ha traído consigo que empresas o entidades que antes jamás se habrían atrevido a tocar las puertas de los parlamentos o los gobiernos, ahora lo hagan.

Lo hacen por razones intrínsecas: 1. sienten legitimidad para hacerlo (pedagogía de la responsabilidad pública), 2. se unen a otros a través de alianzas (representatividad), 3. invocan a sus clientes o fans haciéndoles partícipes del problema y protagonistas (grassroots). Y lo hacen, también, por razones extrínsecas como es el propio hecho de que las barreras de acceso o influencia en lo público son ahora menos, gracias a la oportunidad digital.

Más issues. Los grupos de interés, en términos generales, se involucraban en aquellos issues que directamente impactaban con su negocio (entendido en su sentido más amplio). Con el paso del tiempo, los grupos de interés fueron haciendo lobbying sobre cuestiones que podrían afectar, directa o indirectamente, en su reputación o la del sector en el que actuaban. Un ejemplo sería el del vino en España a comienzos del siglo XXI o, previamente, el azúcar. Ambos ganaron, al menos durante un tiempo, la batalla de la legislación gracias a un trabajo intensivo en la agenda mediática y la opinión pública. Un tercer nivel sería el de la responsabilidad con la comunidad o con el ‘momento’, que hace que los grupos de interés hagan lobbying también desde el compromiso con unos valores y con una visión de sociedad. Es el denominado lobbying for good5 o lobbying social, del que IKEA o Unilever pueden dar buenos ejemplos. Las cuestiones medioambientales fueron las primeras elegidas para desarrollar este tipo de prácticas, pero no serán los últimos ni los más valientes. Seguimos con la mirada en el negocio, pero a la rentabilidad económica le pedimos rentabilidad social y responsabilidad, incluso, política.

Más canales. El lobby legítimo era un lobby, fundamentalmente, de despacho. A los encuentros directos con políticos le siguieron encuentros con los allegados de los políticos, aquellas personas que podían tener influencia sobre aquéllos. A la información interesada se le pidió opinión, a ésta análisis, al análisis contraste, etc., y fuimos del cóctel y el pasillo, a las reuniones formales, y de ahí a los estudios de terceros y las encuestas, a las conferencias y visitas sobre el terreno, a los expertos independientes y las formaciones sobre temas complejos, etc. Y llegó lo digital y las posibilidades se multiplicaron y las barreras se redujeron y hoy hay muchos que, incluso, hacen lobbying por whatsapp. “Venga, al grano”.

Más métodos. El lobbying ha construido campañas y estrategias desde la intuición al análisis. Ha introducido herramientas cuantitativas y cualitativas de la sociología, incluyendo, claro, la observación de los comportamientos –coyunturales o no- de los partidos políticos y los actores políticos. Como ya ocurre en las campañas electorales, las campañas de lobbying y advocacy se sofisticarán y harán más eficientes y efectivas gracias a las posibilidades del big data.

En Estados Unidos y Gran Bretaña, sobre todo, empezamos a ver mucho de este out of the box. Pero, cambie lo que cambie en la gestión de la influencia en la política, el objetivo perseguido por las compañías seguirá siendo el mismo: proteger o mejorar el negocio y/o la reputación. Algo muy similar a lo que a comienzos del siglo pasado señalaba Edward Bernays sobre el papel de la propaganda en los ciudadanos: “por muy sofisticada y cínica que se vuelva la actitud del público hacia los métodos de la publicidad, éste siempre tendrá que responder a las demandas básicas, porque siempre necesitará comida, se pirrará por divertirse, aspirará a la belleza o acatará al liderazgo”.

El lobbying en el laboratorio

A lo largo de la historia la sociedad ha sido objeto de influencia con un fin de ordenación, control, movilización o dirección. La religión, por ejemplo, ha sido un productor máximo de narrativas que generaran un cierto orden y modelo de sociedad (valores, comportamientos, aspiraciones, etc.). El mainstream que vivimos es producto de una socialización más o menos consentida (más o menos necesaria). La sociedad, en forma de masa o “multitud”, es el eje sobre el que ha pivotado la toma de decisión pública. A él se sumaron, con la hegemonía del capitalismo, las corporaciones empresariales (las marcas) con un fin comercial, el de ser deseables, aspiraciones y objetos de consumo elegido.
Las corporaciones que quieren influir en las políticas públicas habrán de hacerlo teniendo muy en cuenta el clima de opinión social y mediática al respecto. Y si no existe tal, crearlo; si es contrario, alterarlo; y si es a favor, subrayarlo. Con ética, estética y transparencia, esa es la clave. Y es diferencial porque ya dijo Nietzsche que la verdad absoluta no existe y sí existen las perspectivas. Trabajemos pues en las perspectivas. Y en ellas, y desde ellas, antes incluso de traspasar la frontera de la posverdad, hay mucho que hacer. Es lo que podríamos denominar de lobbying de laboratorio, un lobbying de carácter indirecto, que se desarrolla en la opinión pública y que se contrapone al lobbying de salón, que es aquel que se ejerce de forma directa con los decisores de las políticas públicas de que se trate. Lo hace Greenpeace, lo ace Wall-Mart. Lo harás tú.

De la gestión de la influencia a la gestión del consentimiento 7

Las empresas han hecho un verdadero esfuerzo por ganar influencia en los despachos en los que se tomaban decisiones. Nunca ha dejado de ser importante el acceso al decisor. Y nada de eso cambiará demasiado, excepto el hecho de que más importante que la gestión de la influencia para acceder, habrá de ser la gestión de consentimiento social a la decisión pendiente de tomar. De forma que cuando los grupos de interés accedan al decisor, parte del trabajo esté ya hecho y la opinión pública [los votantes] no sea un riesgo para el político.

Y es que, después de la coerción –en el entendido optimista y generoso de que, en las sociedades postmodernas, y a pesar de Donald Trump, vivimos en la postcoerción-, la fórmula para cohesionar, dirigir y dar estabilidad a las sociedades cambiantes pasó por lograr la convicción del otro –del sujeto o multitud gobernada- y, cuando ésta se torna inasible, al menos su consentimiento. Vivimos en sociedades que consienten políticas –en el sentido de aceptar sin convicción-, pero que no se ilusionan con ellas. Consentimos medidas excepcionales (congelación de salarios), restricciones (al tráfico) o copagos (sanitarios), por poner solo tres ejemplos, fruto de una pedagogía social que nos señala que ese es el camino más adecuado aquí y ahora. El consentimiento es una resignación activa que da forma moral y convivencial a la sociedad que consiente y ofrece, por ello, una oportunidad para el lobbying por venir.

La cuestión que le sigue a la gestión del consentimiento tiene que ver con el tiempo porque, como dice Daniel Innerarity8, el medio en el que se desarrolla la política es el tiempo, pero nos estamos quedando sin tiempo para la política analógica. Los cambios regulatorios que requieren los sectores y las empresas tardan mucho, demasiado porque el reloj de la política es al de los negocios, lo que el reloj geológico al biológico. ¡Y qué decir en el caso de los negocios digitales! Las empresas de Silicon Valley han tardado en ir a Washington, pero, del prototipo a la patente, la principal barrera que se encontraron no fue técnica ni tecnológica sino regulatoria y, si me apuran, de comprensión del fenómeno y de las ganancias y pérdidas que generaba fuera de Silicon Valley. ¿Cuándo es un buen momento para regular los drones? ¿Y la inteligencia artificial? ¿Y el modelo de negocio de Airbnb o Uber?

Y, por último, en cada uno de estos casos, ¿buscamos que se regule desde el problema o desde el síntoma? Clay Shirky 9 hace mención al Gin Craze (“locura de la ginebra”) que padeció la sociedad londinense del siglo XVIII al punto que hubo una verdadera alarma social por los índices de alcoholismo que alcanzó. Las autoridades lo intentaron todo, con leyes que prohibían aspectos a lo largo de toda la cadena de valor de la ginebra, desde la producción a su venta final. Lo intentaron todo menos entender qué ocurría. Eso llegó mucho tiempo después, cuando al fin se comprendió que el problema no era la ginebra sino la razón por la cual se consumía en aquellas cantidades desorbitadas. Era el malestar social y las duras condiciones de vida que Londres ofrecía, fruto de la industrialización y el crecimiento poblacional descontrolado. Fueron las mejoras en éstas las que ayudaron a reducir los índices de consumo de ginebra.

Si, como decía Henri Bergson, el tiempo es duración, la única alternativa posible, hoy, es ganarle tiempo a la decisión política. Y solo se gana tiempo haciendo evidentemente necesario el cambio buscado -trabajando- la perspectiva y el consentimiento social. Pensemos en cualquiera de los ejemplos mencionados. La única palanca para acelerar los cambios regulatorios que están por llegar reside en identificar bien el objeto sobre el que queremos trabajar (el problema o el síntoma), facilitarle al máximo el trabajo a aquel que habrá de tomar la decisión, buscar el consentimiento de las partes implicadas (afectados), identificar transiciones justas entre lo viejo –modelo anterior- y lo nuevo –modelo propuesto- y convertirse en parte de la solución. De ahí la ‘uberización del activismo’ con la que iniciábamos este artículo. Porque gracias a tener más actores, más issues, más canales y más métodos, tenemos también más herramientas para enfrentar cómo influimos en la toma de decisión política, en la convivencia.

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