Pensando en cual podría ser el mayor y mejor referente de lobista sobre el que escribir no me fue difícil decidir. Bastó con echar un vistazo a cualquier portada de los periódicos de los últimos días: nuestro, hasta hace bien poco, Rey y Jefe del Estado Español, don Juan Carlos I.

Y es que nuestro hoy Rey emérito es sin duda uno de los mejores defensores de los intereses de las empresas españolas ante los gobiernos extranjeros. Este es sin duda alguna uno de los principales valores que aporta nuestro monarca frente a otros modelos de jefatura de Estado de países vecinos. Y es que el lobby sirve para muchas cosas, pero una de las más habituales y demandadas es el desarrollo de negocio, y es en esta faceta donde don Juan Carlos I ha demostrado su valía, y lo que para nosotros, miembros de APRI, es aun más importante, ha contribuido a divulgar sobre el valor de nuestra profesión frente a la opinión pública.

El único “pero” que podría poner es el uso de apelativos y términos aun poco claros o descafeinados para referirse a esta labor: relaciones bilaterales España-Cañistán, Encuentros Empresariales de Alto Nivel X, Y y Z, Cumbre de Desarrollo e Inversión, etc. son los términos que podremos leer en los medios, pero de lo que estamos hablando en realidad es de lobby y de desarrollo de negocio e inversión de alto nivel. Ejemplos del ejercicio del lobby de nuestro Monarca tenemos muchos y no voy a usar este post para detallarlos, pero sí para reivindicar más claramente y sin tapujos esta labor de la que nos hace falta más en nuestro país, bien sea dentro o fuera de nuestras fronteras.

Bien es verdad que una jefatura de Estado enmarcada en una Monarquía Parlamentaria como la nuestra debe hacer valer, valga la redundancia, los valores que se le exigen y que tanto seguimos necesitando dadas las circunstancias y compleja coyuntura actual:

  • Independencia política
  • Visión a largo plazo más allá de legislaturas
  • Memoria y sensibilidad histórica
  • Representación política internacional
  • Promoción del “Hipanoamericanismo”
  • Liderazgo militar (por qué no)
  • Representación de intereses nacionales en el extranjero
  • Etc.

Pero de la lista me sigo quedando con el último tipo de trabajo, a la que bien podemos referirnos como “lobista mayor del reino”. ¿Cabría esperar la misma labor de su sucesor, el hoy Rey don Felipe VI? ¿Tendrá en su agenda esta necesaria y digna labor como prioridad para su reinado? Sólo espero que nuestro nuevo Jefe de Estado entienda la importancia de esta labor y que, con un poco de ayuda, algo más de divulgación y apoyo por parte de nuestra asociación, podamos conseguir algo más que éxitos para las empresas españolas: que todo el mundo sepa que hacer lobby es bueno y necesario y que es tan digno que lo hace alguien tan importante como el Rey.

Pedro Fernández

Socio de APRI

y Regulatory Affairs Manager en British American Tobacco

 

 

@Pedro_Fdez_M

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