Javier Herrero, Director de Asuntos Públicos y Relaciones Corporativas en Evercom

Carlos Parry, Head of Government Affairs en AstraZeneca

Cada vez son más las consultoras de comunicación que se han abierto camino en el campo de los asuntos públicos, creando equipos específicos dedicados al lobby. Esta transformación no es una moda pasajera, está definiendo el presente y futuro de esta profesión: no se puede entender el lobby sin la comunicación.

Un profesional de la comunicación, a la hora de plantear cualquier plan, se hará una serie de preguntas, sobre el qué, el cómo, quién, cuándo o por qué. Pues bien, un profesional del lobby se hará las mismas preguntas cuando diseñe su estrategia de asuntos públicos y la única diferencia entre ambos profesionales será el público al que se dirigen. De este razonamiento radica la imperativa necesidad de mejorar la coordinación entre ambas disciplinas.

El profesional de la comunicación tiene bien definidas sus metodologías de trabajo, a pesar de los cambios que los nuevos canales de comunicación han supuesto para ellos; en cambio, el profesional del lobby está todavía en una fase de profesionalización importante.

En este viaje que estamos haciendo los que nos dedicamos a las relaciones institucionales, uno de los primeros objetivos que tenemos para dar valor a nuestro trabajo es, precisamente, incluir una metodología de trabajo consistente, para diferenciarnos de aquel lobista que no tiene más que una buena agenda de contactos.

La importancia de trabajar ambas disciplinas deriva de la importancia de saber comunicar bien a la hora de hacer lobby. El profesional de Public Affairs es un experto en el sector público, sabe analizar bien el contexto y elaborar estrategias de éxito para influir ante sus interlocutores públicos, pero tiene la necesidad de trabajar junto con el equipo de comunicación para tener éxito e impacto real.

Un buen profesional de Public Affairs debe tener la capacidad de elaborar buenos mensajes para influir, pero si estos están alejados de la estrategia de comunicación de la organización que representa resultarán poco creíbles y abocarán su estrategia de influencia al fracaso.

La participación de las empresas y organizaciones en la elaboración de las políticas públicas, además de ser un derecho, es una necesidad para que los legisladores puedan tomar las mejores decisiones sobre temáticas complicadas y desconocidas para ellos, en muchos casos. Acompañar esta relación entre el sector público y el sector privado con una estrategia coherente de comunicación permitirá explicar con transparencia, tanto a los interlocutores como a la sociedad en general, los objetivos legítimos que hay detrás de cualquier acción en el ámbito de las relaciones institucionales.

Por eso, igual que observamos la transformación de las clásicas consultoras de comunicación entrando en el mercado de los asuntos públicos, internamente en las empresas también estamos viendo cambios dirigidos a mejorar las estrategias corporativas y coordinar las estrategias de comunicación y lobby de forma integral.

Sin comunicación no hay lobby.

Javier Corrales Director de Government Affairs y Public Policy en Kiatt Group y Coordinador del Grupo APRI Sostenibilidad

Los negociadores de casi 200 países cerraron un acuerdo que pretende mantener vivo el Acuerdo de París.

El 12 de noviembre finalizó en Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-26), que bajo el lema “Uniendo al mundo para hacer frente al cambio climático” reunió a representantes de más de 200 gobiernos de todo el mundo.

Los acuerdos más significativos de la Cumbre

Independientemente de las polémicas imágenes de algún presidente dormido y de las críticas por los viajes en coches y aviones contaminantes desde todos los rincones del planeta, lo cierto es que durante la convención se trataron asuntos de máxima trascendencia. Estas son los 5 acuerdos más significativos de la COP-26.

  1. Declaración Conjunta China – EE.UU. La declaración reconoce que los esfuerzos actuales son insuficientes, por lo que se comprometen a mantener el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra “muy por debajo” de 2℃, e idealmente no más de 1,5℃, en comparación con los niveles preindustriales”, que coincide con el objetivo fijado en la COP de París hace seis años. El pacto es clave para preservar la confianza de los inversores privados que financiarán la mayor parte de la descarbonización.
  • Emisiones de metano. Más de 100 países suscribieron el compromiso mundial que pretende frenar sus emisiones de metano en un 30% para 2030. Las investigaciones parecen evidenciar que esta reducción podría reducir hasta 0,5°C la temperatura global en 2100.
  • Carbón y combustibles fósiles. Se llegó a un acuerdo para “acelerar los esfuerzos para la reducción progresiva de la energía del carbón” y acelerar la eliminación de “los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles”. Es la primera vez que los combustibles fósiles se incluyen explícitamente en un acuerdo climático de la ONU. Esto se suma al acuerdo de eliminar progresivamente el uso del carbón y dejar de financiar nuevos proyectos de combustibles fósiles. Podría ser el principio del fin de los combustibles fósiles.
  • El objetivo de cero emisiones de la India. La India tratará de alcanzar las emisiones netas cero para 2070. El compromiso incluye objetivos cuantificables a corto plazo, como la promesa de suministrar el 50% de la energía del país mediante energías renovables y la reducción de las emisiones de carbono previstas en mil millones de toneladas de dióxido de carbono para 2030.
  • Fondos para el clima. Más de 450 organizaciones del sector financiero de 45 países sellaron su compromiso de transferir 130 billones de dólares de fondos bajo su control a inversiones en las que el beneficiario se comprometa a lograr emisiones netas nulas para 2050.

Los profesionales de las relaciones institucionales ante los acuerdos de Glasgow

Los responsables de las relaciones institucionales desempeñan un papel clave del proceso democrático: un derecho a poder exponer sus posiciones a los responsables de la toma de decisiones. Y este derecho debe ser protegido. Las Asociaciones Profesionales de las Relaciones Instituciones a nivel global (tal y como hace APRI) velan por difundir y promover una ética profesional basadas en la transparencia, el igual acceso y las buenas prácticas de lobby, alejadas de algunas críticas recurrentes como el tráfico de influencias, los conflictos de intereses y las puertas giratorias.

En el caso de los compromisos alcanzados en la cumbre de la COP26, los responsables de relaciones institucionales han jugado, y jugarán, un papel fundamental para alcanzar los objetivos planteados. Un ejemplo de ello es la promoción de iniciativas como “Science Based Targets initiative” (SBTi), que cuenta con la mayor base de datos mundial de información corporativa sobre cambio climático, cuyos objetivos son la reducción de emisiones acordes con los escenarios de calentamiento de 1,5 °C.

Un total de 52 empresas españolas forman parte de dicha iniciativa y además, en el año 2020, creció de 7 a 16 el número de empresas españolas con la máxima calificación en gestión del cambio climático. Otro dato interesante en este sentido es que España se sitúa en el puesto número 11 a nivel mundial de empresas con objetivos fijados según la CDP (la entidad que coordina la iniciativa SBTi).

Las principales gestoras financieras también han promovido iniciativas como la Net Zero Asset Managers (NZAM), donde más de 200 entidades financieras están comprometidas con el objetivo de cero emisiones netas de GEI para el 2050, apoyando inversiones alineadas con ese fin. Y un 77% de las empresas del Ibex 35 se han comprometido con la disminución de emisiones.

Las cuestiones de financiación de los acuerdos de Glasgow incluyen en gran medida la especificidad de las políticas relacionadas con el clima. ¿Qué tipos de proyectos renovables deben favorecerse y qué incentivos deben adoptarse para promoverlos? ¿Cómo se puede reducir el consumo de energía y qué incentivos son los mejores para promoverlo? ¿Cuáles son las mejores opciones de transporte con bajas emisiones de carbono para un país concreto? ¿Cómo puede la transición energética garantizar el empleo y unos medios de vida dignos? Y, posiblemente la pregunta más importante, ¿cuál debe ser el ritmo y el alcance de la transición ecológica?

El reciente grupo de trabajo impulsado en APRI sobre Sostenibilidad y políticas de ASG deberán trabajar en dar respuesta a todas estas cuestiones, impulsando además iniciativas beneficiosas para el tejido económico nacional, así como velando por garantizar un acceso justo y equitativo a los responsables de la toma de decisiones.

Algunas sombras en el horizonte…

A pesar de los avances y las positivas declaraciones de intenciones, todavía quedan problemas por resolver, y no son pocos. El panorama del G7 no parece halagüeño: Estados Unidos está bloqueado por el Congreso; Alemania aún no tiene gobierno; Francia se enfrenta a una de sus elecciones más inciertas; el Reino Unido, a través de su tesorería, acaba de embarcarse en la austeridad fiscal; el gobierno japonés sólo tiene dos semanas de vida, y el de Canadá no es mucho más antiguo.

Además, si se mantienen los compromisos actuales, las emisiones de carbono aumentarán un 13,7% de aquí a 2030. Por lo tanto, si se quiere limitar el calentamiento global a 1,5ºC para finales de este siglo, el resultado aconsejado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) requiere un esfuerzo mayor. Estamos hablando de que, para cumplir con dicha reducción de calentamiento, sería necesario reducir las emisiones en un 45% para 2030, y llegar a cero a mediados de siglo.  Porque, como reza el eslogan, “no tenemos que adaptarnos al cambio, sino crearlo”.

Carlos Parry, Head of Government de AstraZeneca, Director Fundación AstraZeneca y socios de APRI

La necesitada y esperada profesionalización de nuestra función además de conllevar una serie de cualidades que nos definan necesita también una serie de valores. Como profesionales de las relaciones institucionales es más importante que nunca que apliquemos una seria de valores para cuidar de la reputación de nuestra profesión.

Durante muchos años ciertos sectores sociales han intentado desprestigiar nuestra profesión y por ello es muy importante el trabajo que ha hecho APRI para poner en valor nuestra voluntad de que se regule de una vez por todas nuestro trabajo y se establezcan una seria de condiciones que favorezcan la transparencia en nuestro trabajo.

Los valores que utilizamos en nuestro día a día son claves para cuidar nuestra reputación como profesionales. Los valores son lo que nos definen como personas, pero también como profesionales. Así que los valores importan.

Los valores son aquellos principios que guían nuestro comportamiento y nos ayudan a relacionarnos mejor. Las relaciones personales se basan en valores y según los que apliquemos podremos también tener mayor éxito profesional.

Sin el ánimo de ser exhaustivo ni excluir ningún otro valor, he hecho una selección de 6 valores que considero clave:

  1. Transparencia: la clave en todo, no lograremos nada si no aplicamos este valor en la construcción de nuestras relaciones. El peor enemigo que podemos tener es intentar hacer nuestro trabajo a través de medias verdades.
  2. Honestidad: Junto con la transparencia son los dos valores más importantes. El no ser honesto puede poner en riesgo cualquier estrategia que estemos aplicando para llevar a cabo nuestro trabajo.
  3. Empatía: Si no nos ponemos en el lugar de nuestro interlocutor podemos favorecer un dialogo de sordos y a bien seguro no lograremos nuestros objetivos. Antes de hablar siempre es bueno escuchar a la otra persona para que el diálogo sea fluido y con sentido.
  4. Paciencia: pocas cosas se logran desde la impaciencia. Es vital saber medir los tiempos y que la ansiedad no provoque situaciones desesperadas.
  5. Responsabilidad: establecer estrategias y acciones de forma responsable es una buena carta de presentación siempre.
  6. Equidad: aplicar la equidad en nuestra profesión nos ayuda a ser más creíbles y a ganar confianza en nuestro trabajo.

6 valores que nos pueden ayudar en nuestro trabajo, porque es responsabilidad de cada uno de nosotros el construir una reputación positiva de nuestra profesión. Para los que creemos que desde nuestro trabajo podemos contribuir a la mejora de la sociedad en que vivimos promoviendo los cambios necesarios es vital trabajar con valores.

La valores hablan de quienes somos.

Alicia Azaña, Consultora especializada en gestión de organizaciones y asuntos públicos y socia de APRI

Los llamados Fondos Next Generation UE, plantean el objetivo de hacer cambios muy relevantes en el área de salud. La crisis sanitaria ha puesto a la ciencia en un lugar prominente como palanca esencial en los planes de reconstrucción, y a ellos se va a destinar un 17% de los fondos, para lo que se ha dado en denominar el Pacto por la ciencia y la innovación que sin duda llevará aparejado un refuerzo del Sistema Nacional de Salud en España. Entendido este desde lo público, pero con la necesaria colaboración público-privada que tan buenos resultados ha dado durante la pandemia, en múltiples ámbitos especialmente las políticas de I+D+I. Las asociaciones redes y alianzas son ahora esenciales para realizar una atención sanitaria y social de alta calidad y sostenible.  Y aquí juega un papel fundamental otra de las áreas a que van destinados un 6% de estos fondos la llamada Nueva economía de los cuidados donde se incluyen planes de choque para la economía de los cuidados de larga duración a personas mayores y dependientes y el refuerzo del Sistema Nacional de Dependencia entre otros, que requiere incrementar notablemente los esfuerzos y la coordinación sociosanitaria.

UEproSalud, Agenda 2030 de Naciones Unidas, PNUD son numerosos los organismos multilaterales que llaman a modernizar, digitalizar, personalizar, la salud para todos y para todas las edades. Vienen haciéndolo desde hace años, la II Asamblea Mundial sobre Envejecimiento de Naciones Unidas celebrada en Madrid ya acuñó el lema Una sociedad para todas las edades, esto se relaciona sin duda con el ODS número 3 Salud y Bienestar, donde juega especial relevancia no solo la promoción de la salud sino también la prevención y preservación de la misma.

La buena salud es necesaria para el desarrollo sostenible y la Agenda 2030 refleja la interconexión entre ambos. Pero es necesario seguir insistiendo ya que en el mundo 400 millones de personas no tienen acceso a servicios de salud básicos y el 40% carece de sistemas de protección social. Cada 2 segundos, alguien de entre 30 y 70 años de edad muere prematuramente por una enfermedad cardiovascular/respiratoria crónica, por diabetes o cancer. Y más de 7 millones de personas mueren anualmente por la exposición a finas partículas de aire contaminado.

La pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto cuán necesaria es la salud para un futuro sostenible, ha acentuado la brecha entre quien cuenta con una asistencia de calidad y quien no. El COVID 19 ha representado el mayor retroceso global humano (educación, salud y condiciones de vida) desde la introducción del concepto en 1990.

En un informe reciente de The Lancet se destaca el vínculo entre salud y educación, y como ésta última influye decisivamente en la esperanza de vida y las conductas saludables. Sin olvidar, que la pandemia ha puesto de manifiesto los catastróficos peligros que entraña el rápido avance de la humanidad sobre el mundo natural.

La respuesta es que una buena salud esta fundamentalmente ligada a la igualdad y el desarrollo, así como a la salud del medioambiente. Hay que adoptar decisiones, reescribir la nueva normalidad, en materia de gobernanza, protección social, economía verde, digitalización etc… y todo ello, más allá de la recuperación post pandemia.

En resumen, ha de ser SALUDABLE, SOSTENIBLE -medioambiental, económica y educativamente hablando_, DIGITAL e INNOVADORA pero sobre todo ha de ser POSIBLE, y me atrevería a apostillar que HUMANA.

Carlos Parry, Head of Government de AstraZeneca, Director Fundación AstraZeneca y socios de APRI

La semana pasada tuve el honor y el privilegio de poder compartir experiencias y reflexiones con los compañeros del grupo de APRI Salud. Fue el primer el encuentro de la asociación después de dos años y podernos ver las caras en personas fue emocionante y gratificante.

Aprovechando la invitación de la coordinadora, Adriana Bonezzi, a la que le agradezco enormemente la oportunidad, quise compartir algunas ideas en base a mi experiencia en el sector salud, tanto desde el sector público como el privado.

Sin querer sentar cátedra ni querer ser pretencioso en ningún momento, simplemente con la voluntad de contribuir al debate que estamos viviendo en estos momentos sobre la regulación y la necesaria profesionalización de nuestra actividad como profesionales de las relaciones institucionales.

Como ya sabéis, creo firmemente en la importancia del trabajo del profesional de las relaciones institucionales.

He trabajado mucho tiempo en el sector público porque creía que desde ahí se podía trasformar la sociedad en la que vivimos, hasta que me di cuenta de que desde el sector privado se puede hacer también y mucho mejor.

El haber estado al otro de la mesa me da una visión a veces de las cosas que suele ser útil para interpretar los tiempos y las reacciones. Porque, al final, nosotros hacemos política desde el otro lado de la mesa y es fundamental que entendamos como los políticos marcan los tiempos para saber cómo van a reaccionar.

Es importante que tengamos claro cuál es nuestro papel como responsables de relaciones institucionales dentro y fuera de la empresa. Porque tan importante es proyectar nuestro trabajo hacía fuera como explicar internamente qué hacemos y cómo podemos ayudar a nuestras organizaciones a lograr cumplir con sus objetivos.

Somos profesionales de las relaciones institucionales y tenemos capacidad para generar relatos y estrategias. No somos meras agendas de teléfono con patas.

Tampoco somos los del “bla, bla, bla”, somos profesionales con capacidad analítica y de entender el contexto en el que operamos.

Hay que reconocer que normalmente de comunicación y public affairs parece que sabe todo el mundo, pero no es así. Pero nosotros tenemos que ser capaces de demostrar el valor que aportamos a través de análisis y la definición de estrategias que aporten valor a nuestras empresas.

¿Qué diferencia a un profesional de las relaciones institucionales de uno que no lo es? El método.

A través del método estamos aportando valor a nuestras organizaciones. Un método basado en realizar un buen análisis de contexto, definición de aliados o aquellos que jugarán en contra, concreción de objetivos viables, elaboración de mensajes para generar engagement, establecer outputs concretos de cada una de las acciones y, lo más importante, basar todo esto en la empatía. Sin empatía no habrá estrategia que valga.

La empatía es la guía básica de nuestro trabajo, siempre tenemos que ponernos en el lugar de nuestro interlocutor.

Pero si la empatía es importante, no lo es menos la transparencia. Nuestra profesión goza muchas veces de una reputación negativa por la falta de transparencia. Transparencia es confianza.

Debemos y necesitamos empujar por una regulación en España que impulse la transparencia de nuestro trabajo, para así poder trabajar en mejores condiciones y profesionalizar de una vez por todas nuestra labor en España.

Sigamos trabajando para transformar nuestra sociedad a través de nuestro trabajo diario y de la colaboración público-privada.

Diego Bayón, Director Advocacy & Public Awareness en Harmon y vocal de la Junta Directiva de APRI

Carlos Parry, Government Affairs Head de AstraZeneca, Director Fundacion AstraZeneca y socios de APRI

El papel de las relaciones institucionales y los asuntos públicos ha ido adquiriendo mayor relevancia durante los últimos años en España, lo que ha derivado en que comience a regularse en distintos ámbitos, así como en una mayor profesionalización de la actividad. Ahora mismo, nos encontramos en un momento histórico de desarrollo de nuestro trabajo: cada vez somos más los que nos podemos dedicar a esta profesión, y eso nos debe empujar a poder ir trazando entre todos el camino a seguir para que nuestro trabajo sea cada vez más reconocido.

Seguramente no vamos a descubriros nada nuevo. Pero, en un contexto de creciente escrutinio a nuestra actividad, tanto los nuevos profesionales que se incorporarán a la práctica de esta actividad en los próximos años, como los profesionales que estamos en activo, debemos responder a una serie de cualidades, que hemos resumido de forma breve. Porque a veces es bueno que nosotros, los que nos dedicamos a las relaciones institucionales, hagamos un análisis de cuáles son nuestras cualidades, para analizar nuestros ámbitos de mejora e invertir en desarrollarlos.

  1. Empatía: Es la clave de toda relación humana. El éxito de cualquier relación está en la capacidad de escucha y de ponerse en el lugar del otro. A través de la empatía podemos adaptar nuestras estrategias y nuestro relato a las prioridades de cada una de las audiencias a las que necesitamos dirigirnos.
  • Visión estratégica y metodología: Construir una estrategia que aglutine las actividades existentes, viendo más allá de cada proyecto, y ser capaz de unir todo bajo un relato único orientado a la búsqueda del interés general, es clave en nuestro trabajo. No basta con una buena agenda de contactos. El mayor reto no es conseguir una reunión institucional, si no determinar qué mensajes queremos trasladar, cómo y a quién, para ser capaces de contribuir al debate y a la elaboración de las políticas públicas. Para todo ello, la estrategia es fundamental: si no sabemos ver a dónde queremos llegar, difícilmente lograremos construir una historia de éxito.
  • Conocimiento del sector público: Para que las propuestas que defendemos formen parte de la agenda pública es importante conocer bien los procesos de toma decisión, las distintas herramientas que usan los decisores institucionales en su día a día, o los distintos actores que intervienen en la elaboración de la regulación, desde el ámbito legislativo al ejecutivo.
  • Comunicación eficaz: Como en la vida, lo que no sabes comunicar no existe. Para tener impacto con nuestro trabajo, resulta fundamental conocer bien cómo funcionan los medios de comunicación y la configuración de la opinión pública, saber expresarse de forma clara y sintética de forma oral y escrita, o dominar los distintos canales y formatos de comunicación que existen para elegir los más adecuados en función de la audiencia y el mensaje.
  • Principios éticos: La transparencia y la honestidad son clave para lograr establecer y desarrollar relaciones profesionales a largo plazo y superar cualquier desafío que podamos encontrarnos. Actuar con valores es la base para tener confianza con nuestros interlocutores, especialmente en un trabajo sensible como el nuestro. Por ello, en APRI contamos con un estricto código de conducta que todos los socios estamos obligados a firmar y cumplir para poder ser miembros de la asociación.
  • Adaptación al cambio: Nuestro oficio está pegado a la actualidad y depende en gran medida de la actividad política, por lo que cualquier estrategia puede cambiar en unas horas en función de las agendas institucionales, las prioridades políticas, el ciclo informativo o la percepción pública. Además, las prioridades de negocio o los objetivos de nuestra organización pueden variar también. Por todo ello, siempre hay que estar preparado para reaccionar de forma ágil y para reorientar nuestro plan de acción.

Seguramente hay más cualidades que debamos tener en cuenta, pero estas nos han parecido clave para realizar nuestro trabajo con profesionalidad y garantizar que cada vez sea más reconocido por la sociedad.

Alicia Azaña, Gerente de la Asociación Nacional de Empresas Socioculturales y socia de APRI

JFK decía que “La ignorancia de un votante en democracia perjudica la seguridad de todos”, yo pienso que la ignorancia de un político sobre una materia que desconoce perjudica la seguridad de todos, si además pretende bien intencionadamente regularla sin escuchar a los que saben de ella, estamos ante una temeridad.

La toma de decisiones, aunque responsabilidad individual de aquellos políticos, a los que con nuestro voto delegamos la capacidad de administrar nuestra sociedad y normas de convivencia, no impide que ésta sea lo más transparente posible y abierto a la participación activa de los ciudadanos.

El camino hacia la regulación de un Lobby profesional transparente y ético, parte en nuestro país de los inicios constitucionales, mucho ha llovido desde entonces, y a pesar de la profusión legislativa que la democracia trajo consigo, sucesivamente hemos ido relegando la regulación de un sector profesional al que se ha mirado bajo la lupa de la sospecha.

Nada más lejano a la realidad, ya que se compone de buenos profesionales que aportan información y expertisse a los reguladores en la materia que le es afín, para que nuestras leyes, reglamentos y regulaciones sean lo más eficaces y eficientes.

La sola presencia de España en escenarios multilaterales y su incorporación a la UE ya hubiera requerido de una regulación al respecto, para caminar acompasados a otros países de nuestro entorno, ya que cualquier político encargado de legislar debe contar con la mayor información, no sólo la que les facilitan sus asesores, sino aquella que pueden proporcionarle empresas, grupos de interés y sector, para conocer los inputs necesarios que deberá establecer en la reglamentación de una materia concreta y dimensionar el impacto que causará en los ciudadanos y en el conjunto de la sociedad.

Cuanto más completa sea esta información, menor posibilidad de error y parcialidad.  El lobby por tanto sirve como herramienta imprescindible para administraciones, empresas y grupos de interés, al proporcionar al legislador toda la información necesaria para regular en el buen camino, acompañándole si es preciso, para que pueda actuar de forma acertada.

Este caudal de información veraz, ha de proporcionarse de manera profesional y transparente, no sólo con un Registro de “quien recibe a quien y para que, y cuál es el destino del presupuesto que maneja en esa área” o un Código de Conducta de nuestros Diputados y Senadores, es además conveniente aplicar, el lema germánico de que “todo aquello que no está permitido, queda rigurosamente prohibido”.

Y eso es precisamente lo que se ha aplicado en la Unión Europea, desde 2011 el Registro de Transparencia identifica a todo aquel que se relaciona con miembros de sus organismos, bien sea Parlamento, Comisión, o Consejo de la Unión _incorporado en diciembre de 2020_ a nivel de Diputado, funcionario o alto cargo.  Cuenta con 6 categorías y 12.606 registrados _ datos del último informe 2020_,  de los que sólo el 6% son españoles, frente al 18% belgas, 13% alemanes, 10% franceses u 8% británicos.

Aunque la inscripción al Registro es voluntaria, se cuenta con una serie de ventajas que la hacen recomendable, tales como: accesos de larga duración a las instituciones, realizar intervenciones como oradores en audiencias públicas, suscribirse a notificaciones electrónicas, apoyar actividades de las agrupaciones no oficiales del Parlamento, o solicitar el patrocinio del presidente del Parlamento.

En el caso de la Comisión Europea es obligatoria la inscripción en el Registro para poder reunirse con miembros del gabinete, directores generales o jefes de servicio y se revisa su inscripción en el caso de solicitar contacto con otros funcionarios, se les notifican automáticamente consultas públicas y hojas de ruta de las materias de su interés o pueden ser nombrados miembros del grupo de expertos, o solicitar patrocinio de la Comisión.

El Registro de Transparencia cuenta con una Secretaría Común encargada de la gestión (asistencia técnica y control de calidad del mismo) y que recibe alertas (errores en materia de Registro) y denuncias de terceros (alegaciones sobre un supuesto incumplimiento del Código de conducta). Resulta de igual interés la formación que se presta a funcionarios sobre como tratar a los grupos de interés.

En España debiéramos inspirarnos en estas herramientas de la UE, algunas administraciones autonómicas y locales ya cuentan con Registros similares, tales como el del Ayuntamiento de Madrid, es capital extenderlos por toda nuestra geografía, y que culmine la regulación a nivel nacional que ya parece inminente.

Carlos Parry, Head of Government Affairs de Astrazeneca España y socio de APRI

Gracias de nuevo a APRI por darme la oportunidad de poder compartir una breve reflexión con los compañeros que nos dedicamos, con pasión, a transformar las sociedades de las que formamos parte, a través de nuestro trabajo, como profesionales de las relaciones institucionales.

En los últimos meses, hemos tenido buenas noticias los profesionales de las relaciones institucionales en España con el inicio del proceso legislativo para regular nuestra actividad, por ser una pieza clave en el camino a seguir profesionalizando la actividad que desarrollamos.

Aunque el proceso legislativo no es la única vía para seguir avanzando, ya hemos dado grandes pasos, en los últimos años, con iniciativas tan importantes como la creación de APRI o la firma de todos sus socios del código de conducta que nos compromete con una forma de actuar transparente y ética.

Hasta aquí bien, pero aún nos queda mucho camino por recorrer y poder decir que hemos llegado donde queríamos llegar. En España seguimos estando a años luz, si lo comparamos con el reconocimiento y la regulación de los lobbies en Bruselas o Washington.

En nuestro país sigue predominando esa visión de que un buen profesional de las relaciones institucionales es aquel que tiene una super agenda de contactos, y todavía sigue habiendo muchas personas que así se venden. Pero en este sentido, me vais a permitir decir que, en mi modesta opinión, es un gran error que puede lastrar nuestra imagen y nuestra profesionalidad.

Es importante tener una buena agenda de contactos, por supuesto, pero no solo para un profesional de las relaciones institucionales, también lo es para un CEO, un DIRCOM o cualquier función estratégica de una empresa. Pero no solo podemos ser valorados por nuestra agenda, ya que eso nos limita a quién podemos llamar o ver para hacerle llegar nuestro propósito.

La clave está en la estrategia, en definir claramente el objetivo de nuestra labor en el que proyecto laboral en el que estamos inmersos. Es la base que determinará nuestra influencia y poder transformador. Porque sin una estrategia que nos permita definir a qué publico queremos dirigirnos, quienes van a ser nuestros aliados o simplemente, un buen mensaje, no vamos a lograr nunca ninguno de nuestros objetivos.

El mundo está en un proceso de transformación constante, los cambios incluso en el poder cada vez más frecuentes, y la agenda va perdiendo su valor. Estamos en el momento de la estrategia, ese es realmente nuestra contribución y valor.

Esta es una reflexión que quiero compartir con vosotros y quiero hacer en voz alta, porque en gran parte de la percepción que se tiene de nosotros solo la podremos cambiar con nuestro trabajo. Nosotros somos responsables de lo que vendemos como valor añadido.

Hace unos meses en este mismo foro publique otro artículo en el que explicaba el valor añadido que aportábamos a nuestras empresas, es necesario más que nunca que seamos conscientes de que con nuestro trabajo y nuestro buen hacer podemos ayudar a nuestras empresas, pero también podemos ayudar a profesionalizar nuestra labor.

Y esta profesionalización debería ser parte de nuestro propósito diario para que además de valorar nuestra experiencia o nuestra capacidad de relacionamiento, seamos valorados por nuestra visión estratégica.

Sin visión estratégica no hay éxito.

Victoria Troyano Fernández, Responsable de Comunicación y Asuntos Públicos de la Asociación Europea del Cáñamo Industrial (EIHA)

Empezaré este artículo con una palabra: cannabis.

Ahora, escribid en un papel, o en cualquier soporte digital que tengáis a mano, las tres primeras ideas o imágenes que os haya evocado este término.

(…)

Bien. He hecho este mismo ejercicio con familiares y amigos, pero en este caso el sujeto del experimento ha sido lobby. Os enumero a continuación las respuestas que más se han repetido:

Grandes empresas, corrupción, influencia, intereses, presión, dinero, políticos.

Me atrevo a imaginar que, en el caso de cannabis, algunos de los términos ganadores incluyen planta, droga o marihuana, y que pocos (o quizá ninguno) habréis escrito sostenibilidad, agricultura o medioambiente, al igual que durante mi humilde experimento casero no recibí ningún Whatsapp con las palabras proceso democrático, regulación o transparencia.

Surge entonces la siguiente pregunta: ¿qué razón nos lleva a escribir unos términos y no otros? Una posible respuesta es que pensamos mediante marcos. Parafraseando al lingüista cognitivo George Lakoff, un marco sería una estructura mental que determina la manera que tenemos de percibir y entender la realidad. Los marcos están formados por ideas, que a su vez se transmiten mediante el lenguaje. Algunos, como los que envuelven los términos que he usado como ejemplo, están fuertemente arraigados en lo que Lakoff llama nuestro «inconsciente cognitivo». Esto quiere decir que, al oír, leer o pronunciar una palabra, nuestra mente automáticamente evoca toda una serie de conceptos. Dicho esto, si quisiéramos inducir a pensar de forma diferente, deberíamos empezar por cambiar el modo en que comunicamos.

El hecho de haber empezado este artículo escribiendo cannabis no ha sido casualidad ni provocación. Trabajo en el sector del cáñamo industrial, y a diario me encuentro ante la dificultad (añadida) de defender los intereses de un sector que, pese a tener un gran potencial medioambiental, agrícola y económico, evoca mapas mentales nada favorables para que, por ejemplo, nos reciba un eurodiputado o iniciemos un diálogo con un grupo de interés sin percibir un halo de incomodidad que traspasa hasta la pantalla del ordenador.

Al objeto de investigar la influencia de los marcos mentales en la práctica de los asuntos públicos, empecé a analizar la manera en que comunicábamos, desde una nota de prensa, hasta un correo electrónico o una conversación virtual.  Comprobé entonces que repetíamos frases como «El sector está condicionado por leyes injustas que prohíben (…)» o «Es irracional que se discrimine el cáñamo frente a otros cultivos», entre otras. En mi opinión, este lenguaje transmite las siguientes ideas: ‘víctima’, ‘agresividad’ y ‘prohibicionismo’, que no hacen más que reforzar el mapa mental negativo de cannabis. Entonces me pregunté, ¿son estos los marcos que queremos activar en nuestro interlocutor a la hora de construir un diálogo?, ¿qué pasaría si adoptáramos la estrategia contraria y enmarcáramos las mismas ideas con un lenguaje diferente y menos «reactivo»? Por ejemplo: «El sector requiere una regulación adecuada que posibilite (…)» o «Pedimos una igualdad de condiciones para el cultivo del cáñamo».

Podemos advertir (evidentemente, esto es un análisis preliminar y un par de ejemplos no son suficientes para comprobar una hipótesis) que, efectivamente, las palabras que usamos para enmarcar la idea que queremos comunicar pueden determinar que en la mente de nuestro interlocutor se active un mapa mental u otro, y esto debería tenerse en cuenta a la hora de hacer lobby, especialmente cuando « no jugamos en casa», algo que puede suceder a menudo.

Por último, también observé que, conscientemente, evitábamos usar la palabra cannabis, favoreciendo el término cáñamo, probablemente por intentar suavizar el «efecto recelo» de nuestro oyente. Entonces tomé consciencia de que me sucedía lo mismo a la hora de utilizar la palabra lobby, la cual sustituyo a menudo por asociación. Imaginad que digo que trabajo en el «lobby del cannabis» en lugar de en la «asociación del cáñamo industrial», genera un efecto distinto, ¿verdad? Sin embargo, estoy diciendo prácticamente lo mismo. Esto me lleva a pensar si deberíamos abogar por mantener un lenguaje más «políticamente correcto» como podrían ser asociación y cáñamo en detrimento de lobby y cannabis (por seguir con nuestros ejemplos), o si tendríamos que defender una actitud más «purista», llamar a las cosas por su nombre, y transformar el marco «desde dentro» a través de la forma en que comunicamos nuestros intereses. Dejo la cuestión abierta, y os animo a reflexionar sobre cómo influyen los marcos conceptuales en vuestro día a día como profesionales de las relaciones institucionales.

Adriana Bonezzi, Coordinadora del Grupo de Trabajo APRI Salud

Cuando en 2019 creamos el grupo de APRI Salud jamás pensamos que podíamos vivir algo así. Por un lado, el aumento de asociados comprometidos con la salud y la visibilidad de la defensa de los asuntos públicos o relaciones institucionales.

Por otro, la pandemia global que ha conseguido parar al mundo en 2020. Covid 19 vino para cambiar nuestras vidas, para siempre.

El 2020 ha colocado firmemente la salud en el centro de los valores sociales, incluida la equidad, la solidaridad y la participación ciudadana, además de visibilizar el dolor y sufrimiento compartido de todos.

Empezamos con la idea de juntar a los profesionales de las relaciones institucionales, los asuntos públicos o el lobby que se ocuparan de salud, no entendida como “sanidad”.

Siendo experta en derecho sanitario, veo las sinergias de todos los entornos que se juntan en el paciente como centro, los profesionales sanitarios, las administraciones, las asociaciones…pero esa “salud” nos afecta a todos. Todos somos potenciales pacientes. Eso creíamos.

Cuando la ola de la pandemia llegó, nuestras vidas se detuvieron. Algunas para siempre, desgraciadamente. Otras, unos meses. Otras, apenas fueron conscientes de los inevitables cambios empresariales, sociales, políticos, administrativos que llegaban…para quedarse…

Colaboración socio – sanitaria, dignidad de los mayores, el proyecto del Hospital de Ifema, gestión de crisis sanitaria desde la perspectiva de la administración, comunicación sanitaria en tiempos de crisis, las necesidades de los pacientes, el impacto bioético de las vacunas o los conflictos jurídicos sanitarios fruto de la pandemia fueron sólo algunos de los temas que hemos afrontado con ponentes expertos a lo largo del año pasado.

Tras un año en el que esperábamos ver la luz al final del túnel, seguimos viviendo con restricciones a la libertad, pero velando por la salud pública. Queda mucho por hacer y por re- decorar.

Los retos que tenemos en el año cero son: afrontar las secuelas que deja la pandemia: la financiación del sistema sanitario, el impacto en la salud mental de todos (mayores y niños también), la necesaria adaptación   – constante – de las administraciones públicas que deben – cada día más – escuchar a los administrados o ciudadanos.

Cada vez el perfil institucional es más necesario, cada vez más profesionalizado en empresas, en asociaciones, foros… (no va sólo de contactos); conectamos personas, creamos proyectos mediante la transparencia, la ética, la responsabilidad, la regulación de la profesión y la integridad generando un valor activo en la sociedad.  Necesitamos ahora el respeto de todos para con nuestra profesión.

Te animo a que te sumes a nuestro grupo y aportes tu granito de arena.